Viendo la película "El hijo de Saúl" (Óscar a la mejor película de habla no inglesa en 2015) del director húngaro Lászió Nemes, reflexiono sobre la maldad humana, sobre la deshumanización, de cómo pudo llegar a ocurrir semejante barbaridad, cómo la sociedad pudo cerrar los ojos ante semejantes crueldades. La película está ambientada en el año 1944, durante el horror del campo de concentración de Auschwitz. Un prisionero judío húngaro llamado Saúl, miembro de los 'sonderkommando' -encargados de quemar los cadáveres de los prisioneros gaseados nada más llegar al campo y limpiar las cámaras de gas- encuentra cierta supervivencia moral tratando de salvar de los hornos crematorios el cuerpo de un niño que toma como su hijo.

Días después de haber visto la película y se la comento a una persona cercana que me hace este comentario: también ahora está ocurriendo eso mismo. Cerramos los ojos ante la migración, ante la pobreza. Cerramos los ojos a la barbaridad de, por ejemplo, lo ocurrido en el Tarajal o lo que está ocurriendo en Canarias, ante la realidad de los refugiados, lo que ocurre cerca de mi casa, de la tuya…

Nos están haciendo creer que el otro es el enemigo. La guerra del pobre contra el pobre está calando hondo en nuestra sociedad. Y así, un día sin darnos cuenta, podemos ver al otro deshumanizado, como les pasaba a los nazis. Ya nos está pasando. Por eso, pienso, vemos a los emigrantes, a los refugiados como extraños, no como personas iguales a nosotros, con sentimientos, familias, amigos, sueños y esperanzas.

¿Qué nos hace cerrar los ojos? La comodidad, la adaptación a la vida cómoda, a la vida que nos muestran las redes, la publicidad que nos invita al consumo, que nos hace creer que nos merecemos todo, que somos lo que tenemos o fingimos tener.  Nos hemos olvidado de pensar, de reflexionar, somos autómatas que miran la tv.

Quizás tengamos ahora, con el tiempo detenido por la pandemia, una última oportunidad de reflexionar, de parar motores y recapacitar antes de seguir por la senda de la inhumanidad, de la indiferencia, del egoísmo. Está en nuestras manos.