Fuentes tuvo una vez mineros sin tener minas. Corrían los años setenta del siglo pasado cuando medio Fuentes fue asturiana, sin dejar nunca de ser de Andalucía, y sintió el dolor de la tragedia minera narrada por Víctor Manuel en su canción “La planta 14”, muy popular aquí en el tramo final de la dictadura franquista. Tres hombres nunca volvieron del fondo del pozo minero. Hubo entonces una conexión directísima entre la Asturias revolucionaria y el Fuentes comunista. Asturias verde de montes y negra de minerales, que también cantó el asturiano a partir de un poema de Pedro Garfias, hijo de padre onubense y madre sevillana, escrito en 1937. "Yo soy un hombre del sur, polvo sol, fatiga y hambre". Cómo no iba a sentirse minero aquel Fuentes irredento del hambre y la rabia.
Durante muchos de aquellos años el fontaniego Antonio Moreno, nacido y criado en la calle Nueva, acompañó a Victor Manuel a la batería por esos mundos del dios laico de los albores democráticos. Pocos en Fuentes saben que Antonio Moreno puso la percusión a todo el que era alguien en la música de la época, desde Rocío Jurado a Camarón en “La leyenda del Tiempo, pasando por Aute y Miguel Ríos. Era precisamente en aquellos años en los que medio Fuentes bebía los vientos por tener aquí un concierto de Víctor Manuel para hacerle coro cuando entonara aquello de “A veces el más bravo se le queda mirando fijamente al patrón con dientes apretados, y el patrón con sombrero tiene dos policías a su lado, no hay cuidado.”
El coro habría estado formado por Villares, Diego el tío los hierros, Pepe el tío los hierros, Bernardino, Sarria, Robustiano, Villalobos, Miguelito, Camama, el Relojero, tal vez en el escenario de la caseta Los Coreanos con olor a calamares fritos, gambas y cervezas. Todo indica que detrás del Covid vino una pandemia de desmemoria y que nunca ha habido humillaciones laborales ni hambre en las casas fontaniegas. Que siempre fuimos ricos. Pero la verdad es que aquel Fuentes sólo era rico en analfabetos. Eso y gente en busca de un jornal con el que callar el trueno de las tripas hambrientas. Segadores de sol a sol a cambio de la comida y una limosna por salario. Familias castigadas desde el cielo con siete y ocho hijos y, en la tierra, por el amo del cortijo.

Qué tiene de extraño que Fuentes compartiera el dolor de los mineros asturianos que cantaba Víctor Manuel. Qué menos que la solidaridad entre los parias. Cantaba Víctor Manuel y le hacían coro Diego el tío los Hierros, Villares, Sarria… “el rocío ha calado hasta los huesos cuando sale el tercero, lo recibe con sonrisa gris-azul la madrugada y con voces los mineros, mientras se abrazan todos y uno de ellos, el más fiero, por no irse al patrón llora en silencio. Fuentes no tenía mineros, pero tenía tajos de miseria donde día tras día iban consumiéndose las personas a cambio de un mendrugo. Canción triste de una época de tinieblas de norte a sur, de este a oeste, de un país a cuyos habitantes sólo les estaba permitido el dolor, el silencio y la rabia vuelta para adentro.
Las canciones fueron las primeras banderas de la libertad que ondearon incluso antes de la muerte del dictador. Las primeras, titubeantes, con letras de doble sentido. Como aquella de Labordeta que animaba a “varear la oliva, a varearla hasta que caiga”. Y las hubo directas, sin miedo ya a la censura. Como “La planta 14” de Víctor Manuel, hecha para aparecer en el disco “El abuelo Víctor”, de 1969, y prohibida por la censura. Había sobrepasado lo que el régimen estaba dispuesto a tolerar. Finalmente fue autorizada en 1976. Un año después empezó el fontaniego Antonio Moreno a tocar para Víctor Manuel, aunque nunca “La planta 14” porque el asturiano prefería cantarla sólo con guitarra. Le daba mayor dramatismo.

Un fontaniego tenía que estar junto a Víctor Manuel en "La planta 14" para que Fuentes pudiera soñar con hacerle el coro al asturiano. No era tan remoto el vínculo como creía la gente de Fuentes, que de haber sabido entonces que Antonio Moreno estaba donde estaba hubiera intentando traerlo. El sueño se habría hecho realidad. Víctor Manuel en Fuentes, qué locura. Tampoco estuvo el asturiano lejos de Andalucía. Por eso, cuando en 1970 tuvo conocimiento del poema Asturias, de Pedro Garfias, le puso música para proclamar que “millones de puños gritan su cólera por los aires. Millones de corazones golpean contra tus cárceles. Prepara tu salto último, lívida muerte cobarde, prepara tu último salto que Asturias está guardándote. Sola en mitad de la tierra, hija de mi misma madre”. De esta canción hay una versión sublime interpretada por Víctor Manuel y Miguel Poveda.
Fuentes tuvo jornaleros-mineros que cantaban en memoria de los muertos en las minas asturianas. El maldito grisú que tantas vidas se ha cobrado en la historia. Como aquel que en 1949 estalló en el pozo María Luisa segando la vida de 16 trabajadores. De aquel suceso se conserva memoria sobre todo por otra canción asturiana que lleva el nombre "El pozu María Luisa". Santa Bárbara bendita, tralaralá, tralará... Sirva esta crónica de la nostalgia como homenaje a todos ellos.

