Cuando un gobernante ve un peligro en los movimientos ciudadanos y hace lo posible e imposible para desacreditarlos e ignorarlos, algo está fallando en la democracia, en el propio gobernante y en el partido que lo sostiene en el poder. Son los movimientos ciudadanos, las plataformas que se crean para defender, exigir y/o buscar caminos que tal vez los intereses creados alrededor del poder o no lo dejan ver o no puede verlos. Hay muchas formas de entablar un diálogo con la ciudadanía que de manera desinteresada se une para defender el bien común.

Sin embargo, a veces el poder intenta desacreditar a esa misma ciudadanía que intenta por medios democráticos llevar a cabo acciones por algo que cree justo. ¿Es el miedo o es la creencia de que solo el poder votado democráticamente es el único que posee la verdad llegando a decir que su opinión, la del gobernante “es la verdad”?

No podemos olvidar que son las movilizaciones populares las que han conseguido que se dé marcha atrás a proyectos que a todas luces eran perjudiciales para la mayoría de la población mientras solo hubiera beneficiado a unos pocos. Incluso cuanto esto ocurre, el dar marcha atrás por parte del poder, por la administración, los gobernantes son incapaces de reconocer que han sido las acciones de la ciudadanía organizada las que han creado la opinión pública contraría a aquello que no contribuye al bien común.

En estos tiempos en que la política está cada día más desacreditada no podemos unirnos a las voces que dicen “todo es para nada”, “todos son iguales”. Tendremos que hacer pedagogía parar intentar comprender que la política es necesaria, que lo personal es político y que los movimientos sociales, las plataformas vecinales, son necesarias. Tenemos que hacer ver a los partidos y gobernantes que no somos el enemigo. No hay intereses ocultos en la ciudadanía que se organiza para exigir, para, como dijimos más arriba, buscar nuevas formas, nuevos caminos, lejos de maneras obsoletas que ya no sirven. No sirven desprecios ni bulos para intentar que los movimientos ciudadanos dejen de actuar porque seguirán mientras sean necesarios. Y lo son.