El sábado pasado fue el Día Nacional de Andalucía, 28F, y esta fecha nos lleva cada año a preguntarnos quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos, además de qué queremos ser de mayores. Como a uno se le dan mal las grandes definiciones y las proclamas rimbombantes, me voy a queda esta vez con los pequeños detalles, con las cosas del día a día, lo que nos hace ser lo que somos, sin alharacas. Podría empezar de muchas formas, pero las manos van solas a escribir que a este andaluz de la diáspora le pide el cuerpo decir que andalucismo es igual a solidaridad fontaniega.

Como aquella solidaridad que teníamos en Fuentes con un matrimonio con 12 hijos y que no podía tirar hacia delante, cuyo marido trabajaba en los albañiles y los compañeros tenían que ayudarle a sacar a sus hijos adelante. En otros lugares podían ser solidarios también, no digo que no, pero la gente de Fuentes es menos estirada. Por seguir con lo cotidiano, podría escribir que andalucismo en Fuentes es el desayuno de la mañana con el café con leche, la tostá de pan exquisito, la manteca colorá que hacía Paco el carnicero del Postigo o los jeringos de la plaza de abastos. Andalucismo son esas tertulias que se forman alrededor del desayuno o de la tapa de jamón, queso, aceitunas y vino manzanilla del medio día en los bares. Andalucismo es ir un mayete a ayudar a otro mayete porque no sabe regar con gomas.

Andalucismo fontaniego es prestarse dinero entre amigos y familiares, dar el corazón por ellos. Porque el corazón andaluz adquiere la amplitud de una inmensa campiña con la generosidad y con la risa. Es andalucismo que un fontaniego emigre y lo acompañen al autocar los amigos y compañeros. Algo se muere en el alma cuando un amigo se va. Corazón partío. Andalucismo es esa forma serena de sentarse al anochecer a las puertas de las casas a tomar el fresco y, sobre todo, a disfrutar de la tertulia. Andalucismo es hartarse de gazpacho y echar una siesta bajo la penumbra del patio velado. Andalucismo es alegrarse de los éxitos de amigos y familiares.

No somos únicos, pero somos nuestros. Andalucismo es pedir tierra y libertad, volver a ser lo que fuimos, hombres de paz. Andaluces, levantaos. Fontaniegos, no abandonemos nunca los trabajos del campo, empujando un arado o conduciendo un tractor, trajinando con un remolque o aperando un mulo con los arreos. Andalucismo es la forma de vida fontaniega, nuestra cooperativa con más de 500 socios, nuestros mayetes con su PAC y sus quejas infinitas, nuestros jornaleros a cuestas con sus peonás y sus derechos a la ayuda… Andalucismo es celebrar el Día de Andalucía con nombramientos de hijos predilectos, Blas Infante en la memoria, la bandera verde y blanca vuelve tras siglos de guerra a pedir paz y esperanza. Es querer la libertad y justicia por encima de todo. Andalucismo es saber elegir a los mejores para el gobierno, exigirles rigor y que trabajen para Andalucía. Andalucismo es defender que Andalucía deje de ser la tierra más pobre de España, que los andaluces piensen, crean y luchen por y para Andalucía.

Que todas las personas tengan una vivienda digna también es andalucismo. Como lo es que los trabajadores tengan derechos laborales y un salario suficiente para vivir, que los mayores disfruten de buenas pensiones, que la sanidad sea de calidad y que la educación eduque. Andalucismo es sentir el orgullo haber contribuido a levantar Cataluña, Valencia, Francia, Alemania…  con el sudor de nuestra gente, pero también es tomar conciencia de que fuimos expulsados de nuestra tierra para ser mano de obra barata y que ahora tiene que llegar la hora de levantar Andalucía.

Andalucismo es romper de una vez por todas con la maldición de que el futuro tenga que tener siempre nombre de tierra extraña. Es emigrar si no hay más remedio, pero sin abandonar nunca el sentimiento de ser andaluz, la manera andaluza de hablar, la manera andaluza de comer, la manera de reír, de soñar y de trabajar. Estemos donde estemos, triunfemos o fracasemos. Andalucismo es echar eternamente de menos el aire fresco del verano en el paseíto la Plancha, los paseos por la Alameda, la caseta de la Feria, el incienso y el redoble de los tambores de la Semana Santa…

Ser bético o sevillista son la misma forma de ser andalucista. Como lo es ser del Cristo de la Humildad o de la Vera Cruz. Del Postigo o de la Estación. De la manteca colorá o de la zurrapa de lomo. Del café café o del descafeinado. Del rastrojo o de la llave inglesa. Del andamio o de la barra. Del Carnaval o de la Semana Santa. Andalucistas de la serie seria o de la serie bromista. Del Aires Nuevos o de la Previa. Meapilas o ateísta. De los Altaritos o de la toma de las fincas de terratenientes. De arriba o de abajo. De la Carrera o de la calle el Bolo. De la Fuente la Reina o del Calvario. Ser andalucista con lo que está reñido, muy reñido, es con la exclusión del otro. Porque Fuentes de Andalucía, como la Andalucía de Fuentes, se ha hecho con el esfuerzo de todos, vengan de donde vengan, tengan el color que tengan, recen a quien recen y hablen el idioma que hablen. Viva Andalucía libre.