Antiguamente los serenos portaban un chuzo que no era otra cosa que un gran palo con un pincho en la punta. Cuando vienen mal dadas decimos que “caen chuzos de punta”. Hay momentos en los que parece que todas las fuerzas de la naturaleza, y otras que no lo son tanto, se confabulan para hacernos la puñeta coordinadamente. En esto hay causas naturales, causas naturales adulteradas y consecuencias de las decisiones que toman mediocres con poder y mucha mala leche.
Venezuela sufría a Maduro, como antes sufrió a tantos malos gobernantes, cuando dos mil generales cargados de medallas no se enteraron del secuestro de su jefe por Estados Unidos. Frotándose las manos, María Corina Machado pretendía hacerse con el poder, pero ni regalándole a Trump el premio Nobel de la Paz que le dieron por sembrar vientos, tempestades y hasta huracanes tropicales lo consiguió. La democracia en Venezuela ni está ni se le espera. Como si desperezara, la Tierra, que sólo recibe agresiones de los arácnidos que habitamos su piel, tembló violentamente dos veces consecutivas sin esfuerzo, matando todo lo que quiso.
A las ballenas poco le importan los crustáceos que tienen adheridos. Las personas no somos crustáceos, pero sufrimos excesos humanos y terrenos. Ya puesto, el planeta decidió celebrar también la investidura de Abelardo de la Espriella como ultra-presidente de Colombia con otro terrible terremoto destrozando más vidas. Latinoamérica sufre demasiadas catástrofes telúricas, económicas y políticas.
No sé si las ansias de poder, el anhelo de pasar a la historia con estatua ecuestre o la llamada del “destino en lo universal”, típica de los afectados de patriotitis nacionalista, se produce por causas naturales como los seísmos o se trata del esperpento humano reflejado en un espejo del Callejón del Gato como en “luces de Bohemia” de Valle Inclán.
Algunas de estas, o todas, pueden ser las causas que impulsan a Mohamed VI, Netanyahu y su padrino Trump a permitir y/o fomentar la llegada masiva de hombres, mujeres y niños a Ceuta. Desorientados y desesperados son engañados y convertidos en peones sacrificables en el tablero de la geopolítica, carne cruda de cañón averiado. Mientras, el “comendador de los creyentes” y coleccionista de palacios construye el mayor estadio de fútbol del mundo mundial ¡Dinero, dinero!
Los fascistas de Vox, los Alvises Pérez, Vitos Quiles y muchos más embusteros traficantes de escoria, fueron a Ceuta a recolectar votos e impactos en las redes sociales. Por otro lado, algunos vecinos de Ceuta hacen caja alquilándoles trasteros por 450€ a la semana a los migrantes, aunque no todo es malo, también hay mucha solidaridad en Ceuta. Meloni, que comparte esta ideología de odio, hipocresía y explotación, se salta todas las leyes europeas sin que Europa diga ni pío. Meloni sabe que lo más al norte que podrán llegar los pobres desgraciados que consiguieron llegar a España será la Punta de Santa Catalina, el punto más al norte de la península (de Ceuta).
De manera natural, o quizá no tanto, España arde por los cuatro costados mientras hay comunidades autónomas que contratan a bomberos forestales por seis meses al año a precio de peón caminero. Se insiste en que los incendios se apagan en invierno, esto se repite todos los veranos. Los chuzos de punta no sólo caen por causas naturales, como cantaba Quico Pi de la Serra “Si els fills de puta volessin, no veuríem mai el sol”. El ser humano en su conjunto parece imitar a la madre naturaleza dando y quitando vida. Todos podemos ser santos o diablos según las circunstancias, pero la tendencia actual es la del “zampabollismo hijoputista”.
Cada vez nos parecemos más a la hormiga de Esopo, despreciamos la música y la letra, mientras acumulamos sin descanso cosas que no necesitamos. En Los Alpes suizos se están construyendo cuevas, cajas fuertes para guardar obras de arte que nadie podrá ver, joyas que nadie lucirá y coches de lujo que nadie conducirá. Dicen que acumulan estos objetos como inversión, supongo que para disfrutarlos en otra vida.
De pronto un eclipse de Sol que, pese a tanta tontería, tanto negocio y tanto friqui, nos deslumbra con su belleza sobrecogedora, nos recuerda nuestra propia fragilidad que teníamos olvidada. Todo va más o menos bien hasta que sufrimos terremotos, enfermedades, inundaciones, guerras, hambre, sequías, erupciones volcánicas, desempleo, violencia, machismo, racismo, incendios, olas de frío, de calor…
Estamos aquí sólo de paso, “para dar una vuelta y ya nos vamos”. Somos una plaga depredadora que ocupa el suelo temporalmente, como antes lo hicieron otras hasta ser aniquiladas. Mientras escribo este artículo en Granada, la tierra no deja de temblar, las paredes crujen, la gente grita, las sirenas suenan, el miedo se palpa, me siento muy pequeño. Somos blanditos que creen tener la cáscara dura, pero somos frágiles e insignificantes en el tiempo y el espacio. Los chuzos casi siempre se les clavan a los mismos, pero “los dioses nos envidian porque somos mortales”.
