Es frecuente oír que la utilidad de la historia es evitar repetir los errores del pasado. Pero lo cierto es que los seres humanos tenemos la costumbre (e incluso el derecho) a equivocarnos repetidamente. Para lo que sí tengo claro que nos sirve el conocimiento de nuestra historia es para entender el presente y, si somos avispados, sacar enseñanzas que nos puedan ser de utilidad para el futuro. Porque eso es lo verdaderamente importante en la vida: construir un futuro mejor.
Los excelentes resultados obtenidos por Adelante Andalucía en las pasadas elecciones autonómicas, que muchos hemos observado como la eclosión de una tercera generación andalucista, que ya venía gestándose desde hace algunos años, me empujan a buscar paralelismos con la eclosión de la que fue la segunda generación andalucista que tuvo lugar en las elecciones generales de marzo de 1979 y que también llevaba entonces varios años de gestación. Si comparamos los porcentajes que en estas citas, separadas por casi 40 años, obtuvieron el PSA-Partido Andaluz y Adelante Andalucía, las similitudes tanto entre los porcentajes de estas organizaciones como la distribución territorial del voto son verdaderamente significativas:

Es evidente que, como los propios miembros de Adelante Andalucía vienen diciendo tras la noche electoral, uno de los grandes retos que esta organización tiene por delante es su implantación en el conjunto del territorio andaluz. Pero este reto, a la vista del largo tiempo que hay hasta la próxima cita electoral (las municipales de mayo de 2027, si no se adelantan las generales), es precisamente una gran oportunidad para consolidar y fidelizar el crecimiento.
Recordemos que en 1979 las elecciones municipales se celebraron en abril, justo un mes después de las generales. El escaso tiempo del que dispusieron entonces los andalucistas impidió que el éxito de marzo se aprovechara para desarrollar una expansión por todo el territorio andaluz que habría podido ser exponencial. De ahí que sólo se pudieron presentar candidaturas en aquellos municipios en los que el PSA-Partido Andaluz ya había conseguido implantarse antes de las elecciones generales, que no eran más que 88 de los 761 municipios existentes entonces en Andalucía, y suponían un 55% de la población total andaluza. En concreto, estos fueron los datos de las candidaturas presentadas:

Tradicionalmente, los trabajos de sociología electoral acostumbraban a afirmar que los resultados obtenidos por los andalucistas en estas elecciones municipales supusieron un retroceso respecto de las elecciones del mes anterior debido al pacto con el gobierno para modificar el reglamento del Congreso y que pudiera constituirse el primer grupo parlamentario Andalucista de la historia, cuya utilidad se revelaría decisiva en los meses siguientes. En efecto, si en las elecciones de marzo el resultado en el conjunto de Andalucía fue del 11,09% en abril el dato fue del 9,22%. Pero este análisis es erróneo, pues no se valora que un 45% de la población andaluza no tuvo la posibilidad de votar una candidatura andalucista. La realidad fue muy distinta de lo que entonces se difundió: la progresión del voto andalucista en solo un mes en los municipios donde se presentaron candidaturas fue enorme. Si hiciéramos el ejercicio teórico de tener en cuenta exclusivamente los datos a partir de los censos de los municipios en los que hubo papeletas andalucistas, los resultados que obtuvo el PSA-Partido Andaluz resultan verdaderamente reveladores:

Además del crecimiento general, también llama la atención la tendencia a la homogeneización del voto andalucista en el conjunto del territorio, con cuatro provincias en las que se superaba el 20% de los votos, lo que podría augurar el salto de minoría influyente a alternativa de poder. Se marcaba así un camino que, no obstante, habría de truncarse por las vicisitudes de las que me he ocupado detenidamente en otros trabajos.
Creo que, como era mi intención, de lo sucedido en aquellas pocas semanas de 1979 se pueden extraer enseñanzas para estos largos meses que vienen. Una, por cierto, muy peligrosa y que puede repetirse en el presente: la elaboración de fake news por los poderes tradicionales del estado que, de izquierda a derecha, no pueden soportar la emergencia del andalucismo y pondrán todas las trampas a su alcance para frenarlo y ocultarlo. Una anécdota de estos días: en el informativo de una cadena estatal pretendidamente progresista daban voz a los grupos de la oposición del Parlamento andaluz para expresar su posición sobre el escándalo de acoso en una productora vinculada a Canal Sur. ¿A todos? Efectivamente, no se la dieron a Adelante Andalucía.
En definitiva, y mirando a ese futuro que, como decía al principio, es lo verdaderamente importante, este tiempo habrá de ser decisivo. Si el andalucismo consigue un profundo enraizamiento en los pueblos y comarcas de nuestro país, enlazando con cientos de andalucistas comprometidos, pero dispersos e insuficientemente interconectados a lo largo de todo nuestro territorio, se podrá construir una sólida alternativa a las derechas e izquierdas centralistas. Y así, a la tercera, será la vencida.

