El mar, a más de 33 grados centígrados, es un caldo tropical según medición reciente en el Mediterráneo, cerca de Mallorca. Problemas para la fauna y flora marinas, riesgo de proliferación de especies invasoras, daños en los ecosistemas… No es que vaya a suceder, es la nueva realidad que ya está aquí y a la que hay que adaptarse sin remedio.

Menos para algunos recalcitrantes, está hoy aceptado que el cambio climático afecta con intensidad a océanos y mares. Un estudio reciente realizado mediante imágenes de satélite, para un periodo de casi cuarenta años (1985-2023) ofrece resultados sobre el aumento de temperatura de las aguas, en las fachadas mediterránea y atlántica de la península. Los datos muestran un calentamiento global de 1,43 grados centígrados en el Mediterráneo, mientras que en la zona atlántica ha sido de 0,98 grados, con patrones estacionales similares. La autora es la profesora López García, del departamento de Geografía de la Universidad de Valencia. Este aumento es particularmente significativo en las últimas décadas.

En el Mediterráneo esto supone un incremento de 0,037 grados al año, mientras que en el Atlántico es menor, 0,025 grados anuales, si bien hay variaciones regionales. Al norte de Baleares y hasta la costa francesa es donde el calentamiento es mayor, en este mare nostrum. Un aumento que se produce sobre todo en los meses de junio y julio, detectándose subidas promedio de 2,5 grados. En la fachada atlántica también se registra este incremento estival habiendo subidas, además, en los meses de octubre y noviembre, de casi 1,5 grados. La zona de la bahía de Cádiz anota los mayores aumentos en este ámbito atlántico.

Otro hecho constatado es que hay una intensificación reciente de los meses cálidos, con récords recientes tanto en el Mediterráneo como en Atlántico. Este mes de agosto, una boya situada al oeste de la isla de Mallorca -en aguas abiertas, a tres metros de profundidad- ha detectado una temperatura en la superficie marina de 33,2 grados centígrados. Es el dato más elevado desde que hay registros en el Mediterráneo español. Frente a un valor medio de 25 grados desde 1982, estamos 8 por encima, “una anomalía muy significativa”, declaraba un experto de la Universidad de Alicante. Lo que antes era excepcional, ahora se va convirtiendo en algo frecuente. Datos del pasado mes de julio muestran que la temperatura media de la superficie del Mediterráneo alcanzó los 27,07 grados

En la atmósfera la situación es excepcional. La temperatura media en julio ha sido de 25,7 grados, 2,6 por ciento por encima del promedio del periodo 1991-2020. Según AEMET se trata del mes más cálido registrado -junto a julio de 2022- desde que comenzó su serie en 1961. Las consecuencias han sido noches de calor tórrido, ventiladores a tope, reticencias en los turistas y, lo más grave, incrementos de la mortalidad a causa de este calor extremo. En Europa Occidental, junio y julio han sido los dos meses más calurosos desde 1979.

Todo ello tiene fuertes impactos en el tiempo, el clima, los ecosistemas marinos y terrestres y también en la economía, en particular el turismo. Por ejemplo, las tormentas extremas. En situaciones de inestabilidad atmosférica, el aire cálido y húmedo que se desplaza hacia el interior o las montañas puede dar lugar a lluvias torrenciales. Es el combustible que alimentará futuras danas, y las inundaciones que pueden provocar estas lluvias.

Se utiliza el término dana, acrónimo de depresión aislada en niveles altos. El meteorólogo y divulgador José Miguel Viñas explica en su diccionario que se trata de un término que se comenzó a emplear por el personal técnico hace décadas, para contrarrestar el uso abusivo de la expresión gota fría. Quizás el lector no sepa que se eligió esta palabra para recordar a un destacado meteorólogo, Francisco García Dana, fallecido en 1984. Una dana es una baja presión aislada en altura, que se descuelga del flujo general, evolucionando de forma independiente. Basta con recordar la del 29 de octubre de 2024 en la Comunidad Valenciana para conocer sus efectos devastadores.

En previsión de futuras inundaciones -que vendrán- el Gobierno ofrece en información pública un proyecto de real decreto que “tiene por objeto actualizar y reforzar el marco normativo de gestión de los riesgos de inundación a la luz del conocimiento científico y de la evidencia acumulada en los últimos episodios extremos”, según se explica en la página web del ministerio competente.

¿Cuál es su finalidad? Pues primero, “adaptar las medidas de gestión del riesgo al escenario de cambio climático y a la mayor intensidad y frecuencia de los fenómenos extremos”. En segundo lugar, reforzar “la protección de las personas, los bienes y el medio ambiente” y, en tercer lugar, garantizar “una mejor coordinación entre la normativa de aguas, la ordenación del territorio y la protección civil”, muy necesaria en estos casos.

Enumeramos las principales medidas. Se endurecen las limitaciones de uso del suelo en las zonas inundables y se sustituye el tradicional concepto de periodo de retorno por uno nuevo, el de probabilidad anual de excedencia (PAE), que mide la probabilidad de que un fenómeno extremo, como una inundación, ocurra al menos una vez al año. De esta manera se espera ofrecer a la ciudadanía una interpretación más intuitiva del riesgo. Para que se entienda, no es lo mismo una probabilidad anual del 1 por ciento que del 10.

Asimismo, se refuerza la integración de la cartografía de zonas inundables en el planeamiento territorial y urbanístico. En este sentido se prevén programas municipales de adaptación al riesgo de inundación -con apoyo financiero a los ayuntamientos- y se impulsan medidas de fomento de la cultura del riesgo (instalación de señalética de inundaciones históricas, formación en la ESO y campañas de autoprotección). Aparecen nuevas obligaciones de transparencia registral sobre la afección de las fincas por zonas inundables. La norma completa, además, la transposición de una directiva europea sobre tratamiento de aguas residuales urbanas, en lo relativo a los planes integrales de gestión de los sistemas de saneamiento (PIGSS) y recupera los criterios técnicos de deslinde en el ámbito costero frente a los efectos del cambio climático, aspecto este último que puede crear polémica.

El plazo para aportar alegaciones y sugerencias está abierto hasta el miércoles 16 de septiembre de este año. Se puede dirigir correo electrónico al ministerio de Transición Ecológica, poniendo como asunto: “Observaciones al Real Decreto gestión riesgo inundación 2026”.