La encuesta de 40dB, publicada este lunes 11 de mayo, a 7 días del domingo electoral, nos dice que la ciudadanía andaluza considera que la comunidad está peor que hace 4 años. Un 44.3% cree que la situación de Andalucía es mucho peor o peor que en 2022, frente al 28.1% de andaluces que afirma que Andalucía está mucho mejor o mejor tras esta última legislatura. A pesar de eso, ninguna encuesta da que el voto de las izquierdas crezca de modo relevante y todas dan la caída del PSOE-A.

Además, todas las encuestas dan la victoria rotunda del Partido Popular en Andalucía. Si acaso, las mismas encuestas dudan entre si el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, romperá la barrera de la mayoría absoluta o se quedará en el borde. La inercia de la campaña, en la que ni el PSOE ni las izquierdas, Por Andalucía y Adelante Andalucía, están saliéndose del lugar común de denunciar la evidencia del deterioro de la sanidad pública andaluza, nos dice que el presidente y candidato del PP sostendrá su mayoría absoluta parlamentaria con 55 o más escaños sobre los 109 totales que esperan vacíos en el hospital de las Cinco Llaga. Por cierto, teniendo más población y más provincias que Cataluña o Madrid, nuestro parlamento está compuesto por 25 escaños menos, lo que nos habla de un fuerte déficit relativo de representación del pueblo andaluz y su realidad territorial en su parlamento autonómico. Un déficit democrático de primer nivel.

A lo que voy. Si a pesar de que el cuerpo electoral andaluz piensa que Andalucía está peor que hace cuatro años, a pesar de la crisis de los cribados del cáncer de mama, Moreno Bonilla no tiene su mayoría en cuestión, ni la izquierda levanta el vuelo para hacerle sombra, entonces es que plantear la campaña exclusivamente en términos de deterioro de los servicios públicos y la sanidad pública como cuestión central, para pasar al grave asunto de la vivienda, no es suficiente.

El horizonte que Moreno Bonilla dibuja insistentemente es la “estabilidad” contra el “lío” por la vía de la "moderación" aunque sea falsa. Un horizonte que le funciona mientras regala Andalucía a agentes externos, principalmente a los ricos de Madrid amigos de Isabel Díaz Ayuso, a la banca sin raíz andaluza, a los dueños de Quiron, Adeslas o Asisa, y a fondos buitres como BlackRock.

Contra la farsa inmovilista de la estabilidad, el pueblo andaluz necesita un horizonte de esperanza contra las desigualdades estructurales que siguen asolando Andalucía. Las izquierdas deben señalar a los culpables y las causas de que nuestros indices de paro, pobreza, desigualdad salarial e industrialización, que afectan con mayor gravedad a las mujeres andaluzas, para después lanzar un proyecto de transformación que defienda los intereses de Andalucía. 

Al otro lado de la “estabilidad” del presidente andaluz no se está poniendo el acento en que somos la comunidad con los peores indicadores socioeconómicos y con más emigración de talento, no se están señalando las tremendas desigualdades estructurales y de inversión respecto de otros territorios del estado. Consiguientemente, no se crean las condiciones para dibujar un horizonte nuevo de esperanza para acabar con los males endémicos, los dolores de nuestra tierra, de los que son culpables los componentes del bipartidismo.

No basta señalar los daños, es preciso apuntar a las causas de que la nacionalidad con mayor población del estado, que podría ser el país número dieciséis por tamaño territorial, esté relegada a ser comparsa de Madrid, Cataluña o Euskadi. No sé si en lo que queda de campaña hay tiempo para que las izquierdas dibujen y hagan visible el horizonte de esperanza de Andalucía para romper las cadenas que la atan. El tiempo vuela y el 17 está a la vuelta de la esquina.