Amanece, la vida fluye a su ritmo, la radio cuenta la realidad cotidiana. Hay atasco en el puente del Quinto Centenario, retenciones en la A-49. Las noticias se suceden, el presidente del gobierno ha dicho A, el líder de la oposición ha respondido B. Qué pesada es la publicidad, se acerca la Semana Santa. El Real Madrid ha hecho A, el Barça ha hecho B y el Granada C.F. ha vuelto a perder. Han asesinado a otra mujer.
Todo normal.
En los años ochenta también nos llegó a parecer normal que ETA asesinase un día sí y otro no. Veíamos en televisión los féretros de guardias civiles, concejales, militares, periodistas y gente que pasaba por allí, escuchábamos “La Marcha Fúnebre” de Chopin, los pelos se ponían de punta ¡Asesinos! de pura rabia le gritábamos a la tele. No se veía el fin de la pesadilla. Afortunadamente acabamos con la banda terrorista. No existe desde hace quince años, ya sé que los traficantes de la mentira hablan de los fantasmas como si existieran ¡Que abandonen las armas!, decíamos. La banda asesina lo hizo, pero a algunos no les viene bien enterarse.
Hoy tenemos otra banda que siembra el terror y mata a diario, esta sí existe. Los que ven a ETA por todas partes, el partido que defiende que los hombres estamos siendo perseguidos por una horda “feminazi”, no ve los asesinatos machistas. La ultraderecha niega la existencia de 34.000 condenados, la inmensísima mayoría no son “negros” ni ”moros”, son tan de aquí como los cerdos ibéricos. Hay más de siete mil mujeres en altísimo riesgo de que un hijo de puta les atraviese el corazón con nocturnidad y alevosía o a plena luz del día. Arrepentidos, muchos de ellos después se quitan la vida, lo cual no me parece mal, lo que me parece mal es el orden. Primero deberían suicidarse y luego no asesinar a nadie.
El sistema VioGén tiene registradas a 103.942 mujeres. Algunos dicen que lo que hay son denuncias falsas. En eso sí que tienen razón, el 0,0084% son falsas. También tienen razón en que muchos hombres son asesinados por sus parejas o exparejas, son una media de 4 al año, lo cual es terrible, el asesinato es execrable se mire como se mire. Por eso es indignante que mueran cada año cerca de cincuenta mujeres a manos de sus parejas y exparejas. Algunos incluso matan a sus propios hijos para enterrarlas en vida, 67 menores fueron asesinados desde que se lleva la cuenta. Al margen de las muertes, ¿cuántos bofetones, cuántos empujones, cuántos puñetazos, cuántos insultos y amenazas, cuántas humillaciones reciben miles de mujeres cada día? ¿Cuánto pulpo sordo, que no sabe lo que significa no, va dejando un rastro de babas?
Me pregunto qué habría pasado si en los ochenta alguna organización política negase los atentados terroristas. En los últimos años de existencia de ETA, los concejales “batasunos” lamentaban, pero no condenaban el asesinato de concejales. Hoy, cada vez que se asesina a una mujer por serlo, los concejales se concentran a las puertas de los ayuntamientos para expresar su repulsa, todos menos los representantes “voxunos”. El Partido Popular se está viendo seducido por el “reverso tenebroso de la fuerza”. María Guardiola, aspirante a presidir la Junta de Extremadura, afirma sin despeinarse que su feminismo es igual que el de VOX. El problema es que lo que hay en ese partido no es feminismo sino machismo salvaje.
Hay tipos que se sienten superiores por ser españoles, “mucho españoles”, blancos y hombres. Están orgullosos de todo lo que le regalaron al nacer, no existe la superioridad del varón, pero sí privilegios. Hay quien entiende que tratar a las mujeres como a uno le dé la gana es un derecho. Los que no ven la violencia de género, ven burkas y nicabes por todas partes. Quieren prohibirlo en defensa de la libertad de las mujeres, como si a ellos les importase. Esto apesta a racismo e intolerancia.
Este debería ser un debate sosegado y razonado, pero sosiego y razón son palabras a las que son impermeables ¿Qué pasa si las mujeres libremente quieren vestir así? ¿Y si no se sienten obligadas? Deberíamos preguntarnos dónde acaban las libertades individuales y si son para todas y todos. Si los nazarenos tienen que ser obligados a descubrirse por motivos de seguridad, si hay que prohibir ciertos hábitos de las monjas de clausura porque su religión las obliga, o si los ultras pueden ir tapados para que la policía no los reconozca cuando cometen sus fechorías.
¿Qué pensarán las mujeres ultras de todo esto? ¿No se creen los datos de violencia de género del Ministerio del Interior? ¿Les gusta ser ciudadanas de segunda clase, ser florero y hacer bonito? ¿Quieren tener la última palabra para decir: como tú digas cariño? Mientras reflexiono sobre todo esto, en algún lugar, algún animal está maltratando a una mujer, probablemente la asesine.
Todo normal.

