Se cuenta una anécdota sobre Margaret Mead, famosa antropóloga. Cuando le preguntaron por cuál había sido, en su opinión, el primer signo de civilización, ella respondió que un fémur roto y curado. Nerea Pérez de la Heras, feminista, periodista y comunicadora, comenta que estando cuidando a su padre en el hospital con una cadera rota junto a otro paciente del que no conocía nada, si era rico o pobre, solo tenía la certeza de que ambos, su padre y el paciente de la cama de al lado, saldrían del hospital con la cadera curada. Eso para ella es la civilización.

Ambas cosas son la civilización, sí. El primer fémur del que habla Margaret Mead muestra a un grupo de personas capaces de cuidar a alguien que sin esos cuidados habría muerto. Fueron los cuidados los que hicieron que nuestra especie saliera adelante, antes que la invención de la rueda, por ejemplo. Igual el que hayamos sido capaces de darnos una sanidad pública, hospitales donde nos curan y salvan, pagados por todas y todos es, si lo pensamos bien, la auténtica civilización, junto a la educación pública y el derecho a existir con dignidad se nazca donde nazca.

Pues bien, todo lo anterior, más otros derechos y hechos civilizadores, están en peligro en este mundo cada vez más desquiciado, cada vez más atomizado. Es hora de defender la sanidad pública, la educación pública. Nos quieren hacer perder la esperanza para dejarnos sentados en el sofá mirando la pantalla con la mirada cada vez más vacía.

Al parecer, somos seres de memoria corta, muy corta. Basta una propaganda bien organizada, tanto como la que fueron capaces de crear los totalitarismo del siglo XX, pero con otros contenidos, para volvernos individuos atomizados dentro de la masa. Pensamos por y para nuestros deseos propios, mandados por las redes, la IA, a la vez que nos movemos dentro de unas masas irreflexivas, que actúan contra sus propios intereses individuales, algo difícil de entender. Difícil de entender, así es como lo percibo.

Lo que realmente nos salvó en el pasado más remoto fue la ayuda mutua, los cuidados. Puede que seamos una especie más de mamíferos, violenta a la hora de defender el territorio, pero inteligente para entender que solo el cuidado y la capacidad de empatía nos salvó en nuestro origen más remoto y solo en el presente nos salvará.