En este momento histórico vemos en los medios de comunicación y en la opinión pública cómo se asocia el protestantismo con la ideología y la política de la ultraderecha principalmente en EEUU y América Latina. También, de forma más incipiente, en nuestro país. Se denomina a estos grupos religiosos, afines a la ultraderecha, como protestantes, evangelistas, evangélicos, pentecostales, indistintamente. Pero no todo es lo mismo. El protestantismo histórico, como veremos después, es otra cosa. Hay un gran avance de grupos que podríamos denominar como neopentecostales, en estrecha alianza con partidos y líderes de la extrema derecha en América Latina y EE.UU., lo cual ha supuesto una consolidación del voto evangélico conservador en muchos países. Todos hemos visto el apoyo explícito y mediático de “pastores” al presidente Trump. Los partidos de extrema derecha en America Latina y EE.UU. adoptan, además, la agenda moral neopentecostal (defensa de la familia tradicional, oposición a la educación sexual, antigénero, antiaborto) y, a cambio, las megaiglesias ofrecen una masa de votantes disciplinada.  

El neopentecostalismo promueve una fe centrada en la salvación individual, la obediencia a las autoridades y, más tarde, la teología de la prosperidad, casándose perfectamente con el modelo capitalista. Y ¿cuándo comienza todo esto? Pues el inicio parece tener que ver con la voluntad política de los EE.UU. de neutralizar la teología de la liberación. Hasta finales de la década de 1960, la CIA consideraba a la Iglesia católica en América Latina como un aliado natural y conservador frente al avance del comunismo. A través de documentos de Estado que fueron desclasificados se ha conocido que presentaron al presidente Richard Nixon informes en los que se advertía que la iglesia católica había dejado de ser un defensor del estatu quo para convertirse en un “agente de cambio social radical” y esto amenazaba, según la CIA, a los intereses económicos y de seguridad de EE. UU.

Se decide entonces financiar, proteger e impulsar la expansión de iglesias neopentecostales norteamericanas y también en América Latina. A esto hay que sumarle, para explicar el auge de estos movimientos, la utilización de la emocionalidad para manipular a los adeptos. Todo esto, como hemos visto estas semanas, está siendo introducido también en España, entre otras cosas, por la elevada influencia latinoamericana en nuestro país. Y decía que en España no sabemos distinguir el protestantismo histórico de estos grupos neopentecostales porque en nuestro país hay una ignorancia manifiesta sobre el protestantismo, por lo cual no hay un criterio que permita discernir.

Eso tiene su raíz en los años de régimen franquista. Daniel Vidal, pastor protestante, que fue presidente de la comisión permanente de la iglesia evangélica española durante muchos años, escribía en 1978: “Quien escribe estas páginas es un protestante. No hace mucho tiempo tal afirmación habría, posiblemente, impedido la publicación de este libro y aunque hoy aparezca, eso de los protestantes no deja de ser una curiosidad para muchos de los habitantes de este país, que jamás tuvieron ocasión de tropezarse con uno.”  La iglesia protestante se consolida en España en 1869, con la legalización. Sin embargo, la presencia protestante en nuestro país se remonta al siglo XVI. Las raíces del protestantismo español en la historia son profundas, sin embargo, para la mayoría de los españoles, es como si los protestantes acabaran de desembarcar de algún país extranjero: Inglaterra, Alemania, Suiza… Incluso se duda sobre si es una fe cristiana

¿Cómo puede explicarse esto? La represión y marginación, hasta la inexistencia, por parte del franquismo, la invisibilidad a la que se la ha sometido durante tantos años, es la causa de que, aún ahora, se desconozca lo que es y ha sido el protestantismo en España. La clave de esta situación creo que está en el título del libro del pastor  Daniel Vidal Una alternativa de fe: el protestantismo. No había ninguna intención de que los católicos tuvieran una alternativa a su fe cristiana. El régimen franquista se fundamentaba en la unidad: un estado, un régimen político, una moral y una fe. No admitía ninguna alternativa en ninguno de esos ámbitos. Por lo tanto, para evitar la posibilidad de que los católicos se plantearan valorar otro planteamiento de fe cristiana, se declaró el protestantismo como una herejía.

Eso hizo que la vida de los protestantes durante el franquismo fuera muy difícil: acoso laboral, imposibilidad de practicar su culto- bajo riesgo de ser multados o detenidos por reunirse en las casas-, atentados a las pocas iglesias que persistían, dificultades para contraer matrimonio, marginación de sus hijos e hijas en los colegios, son algunas de las cosas que tuvieron que vivir por ser fieles a su fe cristiana. Además, considerar herejes a los protestantes no era tan solo una cuestión de fe, era una estrategia para sofocar cualquier disidencia, ya fuera en lo religioso, lo social, político o moral. El artículo 6 del Fuero de los Españoles (1945) afirmaba rotundamente la confesionalidad del Estado y solo permitía el ejercicio “privado” de su culto. Es por esto que la forma comunitaria de la práctica de su fe, tan importante para el protestantismo, era cercenada.

En 1967 se aprueba la Ley que regula el ejercicio de los derechos civiles en materia de libertad religiosa, en gran parte debido a presiones de otros países. Pero en ella la única institución que puede considerarse iglesia es la católica romana. El resto quedan relegadas como “asociaciones confesionales no católicas.” El sínodo de la iglesia evangélica española decidió no formar parte de esa lista, mientras que no se legalizara también a sindicatos y partidos. Para los protestantes, la libertad religiosa no es independiente del conjunto de libertades civiles y políticas, sino que se inserta dentro de ellas. Después de este itinerario, creo que puede entenderse bien que la fe protestante, con su recorrido histórico en nuestro país y sus fundamentos, arraigados en el mensaje de los evangelios, no tiene nada que ver con estos movimientos neopentecostales que apoyan, en lo político, a la ultraderecha, y son a su vez financiados y promovidos por ella, y no tienen ninguna relación con la fe cristiana conocida como protestantismo, que en España está organizada como la iglesia evangélica española. (https://iee-protestante.org).