Vosotros lo tuvisteis más fácil, nos dicen nuestras hijas e hijos. Les respondemos con nuestras historias de sacrificios, de trabajo duro sin vacaciones, tal vez con unos días de camping y bocadillos de foie gras, de las ilusiones por construir un futuro, una familia con esfuerzo. He aquí el error de entrada porque no se trata de hacer comparaciones: nuestro tiempo fue otro, igual que el de nuestros padres y abuelos lo fueron también.
Fuimos una generación que vivimos, en general, mejor que nuestros padres, nos decían. Verdad que estábamos construyendo un país nuevo, había esperanzas y un porvenir, a pesar de las dificultades y “los sacrificio” nos llevarían a una vida mejor. Fue otro tiempo, otras formas de vivir. No tuvimos pantallas, ni mensajes que nos atravesaran diciéndonos que la vida estaba fuera, que no eras nadie si no viajabas lejos, si no tenías un coche grande, más grande.
Nuestro tiempo fue de esperanza, de lucha con un horizonte, un tiempo que nos perteneció. Ahora es de los jóvenes. Sí, conseguimos tener una casa propia a los 30 o 35 años. Y una familia que muchas veces no nos trajo la felicidad soñada, pero nos hizo sentirnos aceptados en el grupo, en la sociedad.
Hay que analizar la realidad desde la perspectiva del cambio climático que nos amenaza, desde un mundo que ya apenas se parece al de hace 20 años, desde una inteligencia artificial que nos está manejando sin que apenas nos demos cuenta, desde un fascismo que ya no es una amenaza sino que está aquí, desde una economía en la que la mayoría de los jóvenes no puede comprar una vivienda y la desigualdad va en aumento de forma global.
En esa realidad no valen las respuestas individuales porque el feminismo, por ejemplo, está amenazado a pesar de ser el motor de los cambios respecto a la igualdad de hombres y mujeres, por mucho que quieran negarlo algunos que se resisten a perder privilegios. La meritocracia se nos ha revelado como una gran mentira. El planteamiento tendría que ser distinto: no se trata de quién lo tuvo más o menos difícil. ¿Acaso el tiempo del siglo XIX, por ejemplo, es comparable al del siglo XXI? Cada tiempo histórico tiene sus problemas, su forma de ver la realidad. No podemos enfrentarnos solo porque un tiempo y otro fueron diferentes. El adversario es otro.

