En química y cristalografía, se le llama cristal de siembra a la semilla sólida de moléculas que, plantada en una disolución, provoca que las demás moléculas se agrupen según una disposición ordenada que depende de sus afinidades. Esa semilla tiene el potencial de crecer formando una pieza con visible geometría. Perlas y gemas son ejemplos naturales del cosmos que puede surgir del caos. El acuerdo Rufián/Irene o Irene/Rufián, que tanto da, es un germen de cristalización, un cristal de siembra que, si no ahora con la urgencia táctica electoral, tiene el potencial de conseguir una agrupación estratégica ordenada en torno a un horizonte de democratización profunda del estado al que el PSOE, el de Sánchez y el de siempre, se ha resistido con encono.

La tensión que ha generado el anuncio del acuerdo en los entornos mediáticos pro PSOE y pro Frente Amplio (nombre desafortunado) es la manifestación explícita de su capacidad para comenzar a ordenar estratégicamente un proyecto de izquierdas plurinacional y orientar tácticamente a su electorado. No hay que tolerar a la socialdemocracia liberal connivente con el belicismo trumpista, ni a la Europa de los ricos, no hay que plegarse a la subalternidad ni al malmenorismo que lo único que facilita es el ascenso de la ultraderecha.

Vivimos un momento ordenado espacialmente en el campo derecho por la ultraderecha y, por contra, entrópico en el campo de la izquierda sin vector estratégico que lo ordene. Este momento es producto de la fracasada operación Sumar para liquidar la influencia de Podemos en la orientación táctica y estratégica de la izquierda de Estado. Por eso era tan necesario un cristal de siembra como el formado por la molécula Irene/Rufián; dos líderes indiscutibles de la izquierda tanto en el Estado como en la Cataluña mestiza.

La alianza está forjada en un momento en el que el centro de las necesidades reales de la gente está en el derecho a la vivienda, al trabajo decente bien remunerado, contra la carestía de la alimentación y la energía, por la defensa de los servicios públicos sanidad, educación y dependencia. La alianza se forja fuera de los límites sistémicos del gobierno PSOE/Sumar. Límites marcados por Sánchez con la connivencia de los dos grandes sindicatos del Estado. Límites que explican la continuidad de la ley mordaza, la entrega del CGPJ a la derecha o la resistencia a avanzar, siquiera mínimamente, en materia de derecho a la vivienda hasta que el “asesinato” de Maricarmen ha abierto una grieta desde la calle en el muro de contención del régimen del 78.

Mirándolo fuera del momento presente, con perspectiva histórica y visión de futuro, el acuerdo Irene/Gabriel (Podemos/ERC) tiene una potencia de transformación democrática enorme. En un estado diverso y claramente plurinacional como el español, es imprescindible cuidar los espacios mestizos para enfrentar la barbarie. Será imprescindible, ocurra lo que ocurra el 29N, ahondar en una respuesta cooperativa para democratizar el Estado y acabar con el estado profundo reaccionario que ocupa el interior de la M30 colonizando al resto.

Tras las elecciones del 29N, pase lo que pase, no habrá más salida por la izquierda de Estado, las soberanistas y las territorializadas que plantear un horizonte común, que no necesariamente tiene porqué tener traducción electoral. Ojalá el sentido estratégico que veo en el acuerdo Irene/Rufián crezca mucho más, para avanzar hacia un bloque de transformación democrática, plurinacional y republicana del Estado.