“Si Doñana no se abre este año, se quema”. Eso decía la asociación conservacionista Andalus en 1979 -tirando por la tremenda- cuando estaba próxima a cumplirse la primera década de existencia del parque nacional de Doñana. Los municipios del entorno aspiraban a la puesta en práctica de esta apertura del espacio protegido a las visitas. Poco después, en ese mismo año, las autoridades anunciaban que “el parque nacional de Doñana sería abierto al público, con lo que se satisface una aspiración de sectores cívicos y ciudadanos del entorno”. Se auguraban beneficios socioeconómicos para la comarca y una gran proyección para el espacio protegido. La noticia se daba como fruto de un acuerdo alcanzado entre la Junta Preautonómica y el ICONA, que sería el organismo encargado de autorizar y organizar las visitas. Si bien se hacían constar dos salvedades: primera, la reserva biológica sólo sería accesible por motivos de investigación; segunda, en el resto del parque había fincas cuyos propietarios prohibían el paso.
Un nuevo actor había venido a sumarse al tablero de juego de Doñana. Se trataba de esta Junta Preautonómica de Andalucía, organismo provisional de gobierno andaluz, constituida en Cádiz el 27 de mayo de 1978. Las decisiones ya no serían solo del ICONA o el CSIC, ni las reclamaciones, de los municipios. Tímidamente al principio, con intensidad creciente después, la Junta tendría un papel destacado en el futuro del parque nacional.
Otro actor más entró en juego en el entorno del parque. Nos referimos al ministerio de Defensa, el ejército, que pretendía hacer una expropiación forzosa al de Agricultura, de 257 hectáreas, en la zona forestal El Arenosillo-Médano del Loro. Perteneciente al ICONA, se trataba de un área litoral privilegiada, por encima del acantilado, situada entre Mazagón y Matalascañas, término municipal de Almonte. Su objetivo era establecer “una base de misiles”, se dijo en la prensa por entonces. No hay que confundirla con la cercana instalación del INTA, la base aeroespacial, ya existente en la zona. Un acuerdo del consejo de ministros declaró la utilidad pública de la operación. Para consuelo se anunciaba que “no aumentaría la contaminación, por producirse sus efectos a una gran altitud sobre el mar, por lo que tampoco existe peligro colectivo”. El lanzamiento de los misiles se haría solo tres o cuatro días al año; “no se harán en verano ni tampoco en festivos o vísperas”.

Ya existía en Huelva una Coordinadora Anticontaminación que manifestó la contrariedad de la sociedad onubense por esta instalación, “nefasta para los intereses turísticos y agrícolas de la zona”. El ayuntamiento de Almonte y la Diputación de Huelva plantearon quejas con similares argumentos. La original idea del órgano promotor era que “los terrenos no serían vallados, pudiéndose utilizar como campings para disfrute de los ciudadanos durante el periodo en que no se efectúen las prácticas, que llegarían a ser públicas”. Así se informaba al senador onubense García-Palacios en una respuesta oficial. Alertaba la Junta andaluza sobre posibles implicaciones de tipo ecológico y pedía que se informase a la opinión pública “si la pretendida instalación responde a un plan rígido de defensa nacional o bien es posible discutir su ubicación”. Peregrino planteamiento, con poco encaje legal, era que un órgano de la administración del Estado expropiase a otro. Así que el expediente se recondujo vía acuerdo y la instalación acabó haciéndose realidad a pesar de las opiniones contrarias.
Se trata de un campo de maniobras y tiro bautizado como Médano del Loro, el único en el país específico para lanzamiento de misiles tierra-aire. En él se prueban y disparan misiles y se realizan ejercicios de fuego real e interceptación aérea por unidades del ejército de tierra y artillería antiaérea. Fue inaugurado el 24 de septiembre de 1981, con asistencia del presidente de la Junta, Rafael Escuredo y el capitán general de la II región militar. Un artículo en El País decía que la oposición había remitido dada la falta de peligrosidad. Se habían hecho escasas obras de infraestructura, solo la pista de acceso y los asentamientos de las unidades de lanzamiento y seguimiento de los misiles. Años después, la zona formaría parte del parque natural de Doñana. Los acantilados del Asperillo, encima de los cuales se sitúa, serían declarados monumento natural de Andalucía. Una crónica de octubre de 2008, publicada en el periódico Huelva Información daba cuenta de una jornada de ejercicios de tiro, retrasada en aquella ocasión por culpa de la niebla. “Tiros de misil contra el horizonte”. En Doñana. Los vecinos no acaban de acostumbrase a los estallidos. Se anunciaban pruebas entre los días 16 y 19 de este pasado mes de octubre.
Otra novedad fue la constitución del Patronato el 22 de mayo de 1979, en Huelva, el órgano colegiado previsto en la ley, llamado a que las administraciones no se descoordinasen mucho y a canalizar la incipiente participación ciudadana. Estuvo al frente, como primer presidente, el escritor y divulgador Borja Cardelús, nieto del también escritor Pedro Muñoz-Seca, quien representaba en esa primera reunión al ministerio de Presidencia. Ocupó el puesto hasta 1981. Ricardo Grande Covián, ingeniero agrónomo asturiano, inspector general del IRYDA (Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario) presentó una memoria sobre sus planes de desecación de las marismas y puesta en regadío, para que hubiese un pronunciamiento favorable a las obras a realizar, a fin de acelerarlas, ya que -según él- no se intervenía en el parque, aunque sí en el preparque. Como si el acuífero no fuese único. Así que el agua fue un asunto destacado -se constituyó una comisión- las visitas otro -se trabajaba en la apertura- y otro más la preocupación por las aspiraciones sociales y económicas de los pueblos del entorno, según expresó el presidente.
Una segunda reunión, celebrada en octubre de ese año, dio lugar a que el Patronato expresase la necesidad de prohibir totalmente la caza, eso sí, en el futuro. Pero, mientras tanto, se fijaron limitaciones para los aprovechamientos cinegéticos. Esto causó la irritación de los representantes conservacionistas, que veían contraria a la protección del parque nacional el hecho de permitir la caza. Asunto polémico desde siempre. Una montería celebrada ese año de 1979 en la marisma de Hinojos, dentro del parque nacional, causó una fuerte polémica. Se denunció el uso de vehículos y la muerte de hembras y crías.
La Junta propuso darle una pensada al polémico plan de regadíos Almonte-Marismas, abriendo un debate, mientras que el presidente Cardelús expresó la conveniencia de impulsar un museo de la zona de Doñana, de tipo cultural e histórico. Fue una sesión que comenzó a las 11 de la mañana y terminó sobre las 9 de la noche. No era de extrañar, ya que los debates sobre Doñana desde esos primeros momentos daban para mucho.
Tensiones había. He aquí la airada respuesta del alcalde de Almonte, Juan Antonio Castellanos, a la tala de pinos que había ordenado Javier Castroviejo. Según informaba El Correo de Andalucía el 22 de septiembre de 1979, el alcalde consideraba “ridículas y pueriles” unas manifestaciones del director de la Estación y de Jesús Vozmediano, presidente de Andalus. Decía que el pleno del ayuntamiento había pedido la dimisión y destitución de Javier Castroviejo “por considerar su actuación como director de la citada entidad totalmente nefasta”. Según el alcalde, la gota que colmaba el vaso había sido la corta de los “siete mil ciento nueve pinos piñoneros”.
“El calificativo de feudal al señor Castroviejo no es una afirmación gratuita”; por orden expresa había prohibido levantar la barrera de acceso a la reserva a una comitiva del director general de Universidades, el director del parque -ingeniero forestal Gumersindo Borrero- y el propio alcalde. La visita finalmente se produjo, inspeccionaron la zona de los pinos cortados e hicieron fotos. “Como almonteño y como alcalde me preocupa la integridad del parque”, decía Castellanos, mientras Borja Cardelús pedía que “no se produzcan tensiones entre Estación Biológica, ICONA y el Ayuntamiento de Almonte”, lo que inevitablemente se ha repetido una y otra vez en esta historia.

