Sostiene el autor de Un rayo entre dos luces que su novela está escrita con "el ritmo del caballo de Ibn ´Arabí, ora al paso, ora al trote, ora al galope, desbordante de aventuras y misterios". Una novela contada a mil voces, coral, que ha sido presentada este viernes en Aires Nuevos de Fuentes por su autor, Francisco García Lora, que se proclama, como su protagonista, seguidor del amor como única fe verdadera, la prediquen los musulmanes, los cristianos o los ateos. Oportuno es el libro de García Lora que propone venerar al dios Amor contra los que idolatran al todopoderoso misil.
Cuenta García Lora una conocida fábula sufí cuya conclusión es que todo ser humano tiene capacidad para ver nada más que una pequeña parte de la realidad. Todos creemos verlo todo, pero la verdad es que apenas podemos intuir la mínima parte de un inmenso todo que es inabarcable. La persona que sólo vea una pata de elefante creerá que está ante el tronco de un árbol. El que vea sólo sus orejas creerá que contempla enormes abanicos. Por eso, los sufíes sostienen que la única forma de llegar al conocimiento es mediante la perspectiva común, la visión colectiva. Los sociólogos suelen explicarlo diciendo que el todo es siempre mayor que la suma de las partes.
El pecado más grave, por tanto, es el egoísmo tan generalizado en estos tiempos. El yo sé, yo entiendo, yo decido. Lo mío, primero. A favor del amor y contra esa visión egocéntrica está escrita la novela Un rayo entre dos luces. Se trata de "un tebeo coral con fondo histórico", según García Lora. Transcurre en el siglo XII, cuando decenas de alarifes y cientos de al-banná (al-banní, albañil) andaban atareados levantando al cielo de Ishbiliya la Giralda y la Torre del Oro. El protagonista de esta compleja novela es Ibn ´Arabí, un muchacho nacido entonces en Murcia y educado en la mejor escuela de Sevilla, viajero impenitente, propagador de la fe amorosa y, por eso, odiado por los intransigentes de su época.
Eran tiempos de los almohades, aquellos andaluces que "contra la propaganda de los reyezuelos cristianos del norte y de los emirillos viciosos a los que desplazaron de su corrupto poder, no eran ni bárbaros ni sanguinarios. Al contrario y más bien, eran hombres cabales de gran valía los más de entre ellos", dice García Lora en la primera página de su novela que transcurre en buena parte en una población llamada Ayán, situada entre Qarmuna y Marssena de los Olivos, pasado el Qurbones, que no es otra que Fuentes, donde el protagonista tiene visiones del paraíso. "Ayán es el plural de Ain, que significa Fuente en árabe", avisa el novelista fontaniego. Para saber algo más de esas Fuentes, así como de los enamoramientos de Mariam, de Jazmín de Marchena y de Fátima de Córdoba es preciso adentrarse en la lectura de Un rayo entre dos luces.
Dice Francisco García Lora que él nació en aquel Ayán de los almohades, pero nueve siglos después, hace ahora 72 años, que en la emigración se hizo maestro, que perdió la fe de los Escolapios, que se hizo revolucionario, que trabajó descargando camiones, que fue misionero en el Amazonas, que tuvo tres hijos y que después de 25 años de profesor, ahora anda arriba y abajo, entre Madrid y Fuentes montado en un blablacar de muchos colores, ora al paso, ora al trote, ora al galope, desbordante de aventuras y misterios, con el amor como única religión verdadera. Un rayo entre dos luces.


