Una parte de la arqueología, incluso la emparentada por nombre con el mejor garbanzo del mundo, ha condenado a Andalucía a depender de alguien. Primero se nos dijo que el ser humano procedía de África, qué casualidad, como la Biblia, que sólo ha nacido en un sitio y se repartió por el mundo. Vaya lote de andar. Sin embargo, no hace mucho supimos —no todos, aprender historia es tarea ingrata para quienes deducen falta de sentido en conocerla, por tanto pérdida de tiempo— del doble periplo de ida y vuelta de los curetes, originarios de Andalucía como procedentes de la cultura de Almería trasplantada por sus creadores al Valle del Guadalquivir. De ellos nació la palabra íbero, “los del lado de allí”, “los de la otra orilla”, con muy buena acogida por quienes no podían recordar su existencia ni, por tanto, esperarlos en esta orilla.
De ahí surgió Tartessos, con los dicen que legendarios Gárgoris y Habidis y los reyes Nórax, posible fundador de Nora, la primitiva capital de Cerdeña o Gerión, inmortalizado por la filosofía griega de Platón y su Atlántida. La raíz Talt es una deformación fonética de Alt, cuyo significado es “Lugar del agua”. Y SOS es sufijo de Jonia. Con lo cual es muy probable que Tartessos se traduzca como “Lugar del agua” (Talt) al otro lado del “Mar de Jonia” (SOS). Por eso que el contacto olfativo del dios de dioses, habitante del Olimpo, enviara a su hijo al “Jardín de las Hespérides” a robar sus frutas. Que no sería el último. Pero ciertos arqueólogos no pueden digerir tal antigüedad para Andalucía, ni que los barcos Tartessos fueran Tartessos, aunque las columnas del templo de Salomón estén hechas con mármol blanco de Macael, y adjudican todos los hallazgos a los fenicios. Aquí no vale Schliemann, Ni Gibert. Ni siquiera de Mata Carriazo y para ellos su exclamación “un tesoro digno de Argantonio”, “debe ser un farol”, que los negacionistas se alumbran solos.
A pesar de no existir ni un solo objeto equiparable en toda Siria y a pesar de la existencia entre otros lugares bien lejanos de los fenicios, inseparables de la orilla: los de La Joya, Cancho Ruano o La Aliseda, este último permitió catalogar el de El Carambolo y prácticamente se puede decir, recibir el certificado de autenticidad, a pesar de tan in-rigurosos arqueólogos, capaces de admitir el destrozo de los restos tartesios de la Encarnación, tal vez para apuntalar su sin-razón, incluso Astarté pese a su similitud de nombre. La existencia de diosas desde Babilonia (Ishtar) a Grecia (Gea) sólo demuestra que la Luna ha sido una deidad en algunos casos con preferencia sobre las demás en todo el Mediterráneo.
Los distintos grados de civilización y la conformación del territorio, con sus ventajas y condicionantes, han creado las condiciones correspondientes a cada espacio. Han dado lugar a culturas específicas. En el caso de Asia, emocional, muchas veces místicos y filosóficos, hasta Grecia, cuyos contactos con Tartessos son muestras de amistad y admiración, pero jamás de dependencia, porque Andalucía ha aprendido de vecinos y visitantes tanto o casi tanto como ha enseñado. Generalmente ha dado más que ha recibido.
No es, no puede ser chauvinismo, pues por algo Andalucía regaló a Europa a través de Averroes la filosofía de Aristóteles recogida y divulgada por Tomás de Aquino. Pero entre una civilización espiritual pero bélica, la asiática, y una estructura materialista y bélica, Europa, Andalucía se halla oprimida entre Oriente y Occidente, sin semejanza absoluta ni con una ni con la otra, como antes se había visto oprimida desde el sur por la intransigencia de las tribus del desierto y por el norte por los reinos seguidores de la política depredadora goda, de quienes ellos mismos se declararon descendientes; con la diferencia que los primeros se adaptaron y se hicieron andaluces.
Una civilización pacífica y filosófica, más laica que religiosa a pesar de su aparente religiosidad, oprimida y deseada a ambos lados. Unos, porque de tanto oírlo se han creído padres de la nación andaluza, los otros porque la siguen teniendo y la quieren mantener de granero como fue con Roma. Con la diferencia de que en el Imperio la Bética vendía sus productos. Desde la conquista se ha vuelto a la economía depredadora goda.
Andalucía lo tiene difícil. Nadie la quiere para aprender, con lo bien que les vendría como le vino a Europa en la Edad Media; sólo la quieren para ser utilizada en su provecho. Sin embargo, si aprendieran, esta podría ser el verdadero y definitivo Nuevo Orden Mundial; sin abusos, sin esquilmar a nadie, en relación de respeto mutuo, provechosa y beneficiosa para todos.

