Cuando era joven, en las noches eternas de verano, cuando la compañía entre iguales hacía que la conversación fluyera entre ideales, fantasías y deseos, imaginábamos, a veces, que llegaría un día en que África entera atravesaría el estrecho y no habría fuerza en Europa capaz de detener el movimiento de personas que, por otra parte, había sido el comienzo de nuestra especie.
La semana pasada, escuchando en la radio la notica de la tragedia que estaba ocurriendo en Ceuta, no pude dejar de pensar en aquellas conversaciones a la luz de una luna que, ignorante de nuestra existencia, nos iluminaba en las noches estivales. Cada hora era peor, cada instante veía cómo las vidas humanas eran una mercancía utilizada por un rey al que no le importa que el mundo vea cómo su pueblo vive en la desesperación, en un no futuro que le hace lanzarse al mar para, muchos, encontrar en él la muerte.
No voy a desarrollar un tratado sobre lo que ha ocurrido en Ceuta, no tengo conocimientos para ello, pero sí sé escuchar, ver y reflexionar para crearme un criterio, una opinión de lo que realmente ha ocurrido, está ocurriendo. Mientras tanto, la derecha y extrema derecha aprovechan para lanzar consignas xenófobas, incitando al odio y al miedo hacía el otro, hacía los que no tienen futuro. “Nos están robando el futuro”, nos dicen los que realmente nos lo roban. No nos equivoquemos de enemigos. Todas y todos tenemos derecho a movernos, a buscar una vida mejor. ¿Acaso no lo hemos hecho siempre?
No hace tanto tiempo que surgieron en la historia de la humanidad los estados nacionales, ese concepto político que crea las fronteras. ¿Qué son unos cientos de años en nuestra historia como especie? Nada. Deberíamos tener una visión más abierta de lo que ha ocurrido en nuestra tierra, en Europa, concretamente en el colonialismo que ha dejado tanta tragedia atrás y gracias a él vivimos a la forma “europea”. Cierto que ni tú ni yo somos culpables, pero sí beneficiosas de ese colonialismo desde el siglo XVI hasta hoy. Ante ese hecho histórico, alguna responsabilidad nos corresponde, al menos ser conscientes de ello.
Más de noventa personas han perdido la vida en el mar, a unos metros del sueño de una vida mejor, que era mentira, que se la enseñamos a través de las redes. Estas personas son utilizadas por unos y por otros. Los que realmente manejan las vidas de los desheredados de la tierra para su propio provecho, ya sea político o económico, que al fin son lo mismo. Nosotras y nosotros también somos manejados a su antojo.

