Las preguntas que las elecciones andaluzas habían de resolver definían anticipadamente el campo de lo posible: ¿Mantendrá el PP la mayoría absoluta o necesitará a Vox? ¿Sobrepasará Adelante Andalucía a Por Andalucía? ¿Sostendrá María Jesús Montero los resultados del PSOE-A de 2022 o los empeorará? Y por último ¿Vox aguantará o se debilitará?

De las preguntas se deducía que en Andalucía seguiría gobernando la derecha. De modo que el electorado de izquierdas no ha albergado en ningún momento esperanza de cambio. De ahí la estrategia de Moreno Bonilla de plantear la decisión entre “estabilidad” o “lío,” pidiéndole al electorado que decidiese entre gobierno en solitario o con Vox. La estrategia la ha chafado Adelante Andalucía. Anoche lo dijo su líder, José Ignacio García, “hemos evitado la mayoría absoluta del PP.”

En el campo de la izquierda andaluza, el sorpaso de Adelante Andalucía a Por Andalucía, demuestra dos cosas. La primera es que la identidad andaluza convertida en motor político es un elemento imprescindible para defender posiciones emancipadoras. Ya la activó el primer Partido Socialista de Andalucía en la transición y Julio Anguita con Convocatoria por Andalucía. Y es que todos los indicadores de desigualdad territorial sitúan a Andalucía entre los territorios peor tratados. Unas desigualdades que se ceban especialmente con las mujeres. Consiguientemente, existen causas estructurales profundas para incorporar el andalucismo como pared maestra de la izquierda andaluza.

La segunda es que el debate sobre la unidad de la izquierda sin compartir un horizonte de transformación no subalterno del PSOE es no solo inútil, sino dañino, pues oculta bajo la matemática electoral los marcos de confrontación contra la derecha y contra la farsa del propio PSOE, reflejando un acomplejado instinto de supervivencia y alimentando el voto útil del mal menor.

De otro lado, las elecciones andaluzas ratifican, por si había dudas, que el pueblo andaluz existe. Por eso el andalucismo, que no es otra cosa que la defensa de los intereses del pueblo andaluz, es un motor ideológico con enorme potencial de empuje. Un andalucismo que deberá incorporarse a un bloque plurinacional cooperativo para situar Andalucía en pie de igualdad con la vanguardia de las demandas de justicia social y territorial en el Estado.

Habrán de hacerlo, además, porque tras estas elecciones, a la vista de los resultados dramáticos de Maria Jesús Montero, enviada inexplicablemente a la hoguera andaluza, el PSOE de Sánchez, y especialmente el PSOE andaluz, hará un fuerte giro discursivo hacia la izquierda y enmarcará ese giro en la plurinacionalidad y diversidad del Estado. Lo hará con absoluto descaro y sin despeinarse. No sería la primera vez.