Por alguna razón hay quien se sorprende de que una de tantas gotas, la última, produzca una inundación. Creen que hay recipientes sin fondo ¿Cuántas gotas caben en un vaso? El Oráculo de la I.A. me dice que a un vaso de 200ml le caben unas 5.000 gotas, lo que significa que la gota 5.001, hará que el vaso se desborde irremediablemente. Sin embargo, mis obesos vecinos creen que pueden bajar cuatro a la vez en el ascensor pese al cartel que informa de que la carga máxima autorizada es de 300 kg. Se sorprenden por haberse quedado atrapados entre el tercer y cuarto piso. Es la vieja táctica del “si cuela, cuela”. Mientras no ocurra nada, mientras nadie se queje…
Pero todo cántaro que va a la fuente acaba rompiéndose y no por llevarse un impacto fuerte, basta con un golpecito sin importancia, de esos que recibe a diario, para que se haga añicos. Supongo que ocurre por la fatiga de los materiales, tan común como la fatiga de nuestros cuerpos desgastados que nos acaba conduciendo a la muerte ¿Dónde está el límite del aguante de las personas? ¿Cuánto aguante pensaría que le quedaba al pueblo Nicolás II, el último zar de todas las Rusias, una semana antes de que estallara la revolución? Seguro que Luis XVI y María Antonieta de Austria estaban convencidos de que el pueblo los amaba, hasta que una multitud enfurecida se acercaba a los jardines del palacio de Versalles. Las personas soportamos carros y carretas, comulgamos con ruedas de molino, tragamos sapos y agachamos la cabeza hasta que dejamos de hacerlo.
El pueblo se ha cansado de no poder vivir, pese a tener trabajo, si se está parado ya.... Está harto de ser esclavo de una enorme hipoteca en el mejor de los casos, de un alquiler abusivo que puede triplicarse el año que viene o de pagar más de la mitad del sueldo para vivir en un trastero del que le pueden desahuciar en cuanto quieran. Nuestro país está viviendo la que probablemente sea la época más boyante de los últimos siglos, pero sólo se nota en la ostentación hortera de unos pocos listos.
La gota de Maricarmen, una octogenaria enferma que llevaba viviendo en “su casa” setenta años, fue la que hizo reventar la presa de un embalse que no aguantaba más. Todos los días hay desahucios, pero este caso nos ha conmovido. La inhumanidad de unos desalmados insaciables que no fabrican nada, no producen nada y no aportan nada a la sociedad, ha conseguido levantarnos del sofá. Algo parecido ocurrió con Rosa Parks, tras negarse a ceder su asiento en el autobús a un blanco. Tarek El-Tayeb Mohamed Bouazizi, se prendió fuego después de que las autoridades le confiscaran su puesto de frutas y verduras con el que alimentaba a su familia en Túnez. Sacco y Bazentti, fueron acusados falsamente y ejecutados por ser emigrantes italianos. A Miguel Ángel Blanco lo mató ETA y Ana Orantes fue asesinada por su exmarido.
Como ellos, Maricarmen también se ha convertido en un mito. Siempre hay desahucios, siempre discriminación racial y xenofobia en Estados Unidos. No hay respeto por los derechos humanos en muchos países árabes. ETA asesinó a 829 personas. Siguen muriendo mujeres a manos de machistas asesinos. Estos hechos se repiten, pero hay protagonistas que se convierten en mitos, mártires, estandartes y banderas. Maricarmen es un poderoso ejemplo para todos porque ha muerto luchando contra la inhumanidad del dinero y sus leones rampantes. Ya es un símbolo de la barbarie del capitalismo salvaje que soportamos a diario. Algunos canallas han hecho correr bulos para atacar a sus odiados adversarios, a los que consideran enemigos, denigrando a una pobre mujer que no buscó ser protagonista de nada, pero que no se rindió nunca. Las plazas están llenas de indignados contra los buitres y zampabollos, por ello han sido estigmatizados e insultados, por defender una vivienda digna para las personas tal como dice la Constitución.
El pueblo, esa amalgama anónima a veces indolente, otras irracional y otras muchas gregaria; más de Sancho Panza que de Don Quijote, necesita protegerse del individualismo bajo una bandera común. Habitualmente las causas comunes son el fútbol, la Semana Santa, los Castells, las sociedades gastronómicas… que se convierten en señas de identidad. Maricarmen ya no es una ancianita combativa, es una declaración de resistencia, un llamamiento a la lucha por una causa justa, un canto a la dignidad, un anhelo de esperanza.
La sociedad deja de estar formada por contribuyentes, usuarios, clientes, consumidores, asientos contables, seguidores, partidarios, “amigos” de Facebook, Instagram y Tik tok. Dejamos de ser números para ser personas ilusionadas. Lo importante no es el mito, sino la causa, el mito es un paraguas que humaniza la lucha. Bajo su amparo nos reconocemos y nos convencemos de que otro mundo es posible, de que podemos cambiarlo. La democracia tiene cara y ojos.
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