Había un pueblo de una sola vez, y no era un cuento de Gianni Rodari. Incluso a veces ni de “una sola vez”. Solo era suficiente anunciar un acontecimiento, una nueva forma de hacer algo que mejoraría la vida de todos los que tenían la fortuna de vivir en aquel paraíso de una sola vez. No era necesario llevar a cabo lo anunciado. Nadie se sentía responsable de lo anunciado, incluso presentado con planos de obras y reformas, presupuestos y fechas de ejecución y luego olvidado en un cajón oscuro y extraño que nadie conseguía localizar. Y todos contentos y contentas, que siempre somos más estadísticamente las mujeres.  Ese pueblo no era un lugar extraño al común, al resto de la humanidad.

Al parecer, esta extraña manera de vivir y convivir del pueblo que nos ocupa consistió en un fenómeno que fue extendiéndose como un ladrón amparado en la oscuridad con alevosía y nocturnidad, aprovechando el hartazgo de sus habitantes y el olvido de lo que un día fue la vida en el pueblo, donde la comunidad tenía un sentido, donde los rituales creaban comunidad, significado y señas de identidad. Poco a poco se había creado el desgaste de la comunidad, así que este pueblo de una sola vez vivía de espaldas a cuantas las mentiras y la dejadez de que era objeto.

Sí, una sola vez hubo un festival de teatro, una sola vez hubo un certamen de cortos, una sola vez hubo un sendero de bicicletas, una sola vez se anunció obras y maravillas en el espacio reservado para las personas que iban cumpliendo edades avanzadas; un lugar donde seguir creciendo y donde poder crear vivencias transversales con el resto de la población, una sola vez hubo la creación del derecho a la lectura, aunque fue paseado por aquí y por allí sin más objetivo que el márketin de políticos alejados de la realidad, una sola vez hubo un certamen literario dedicado a la historia local, a un castillo que guardaba el origen del lugar, una sola vez hubo una reunión para conseguir una comunidad energética. No seguimos porque ¿para qué? Al parecer, todo queda olvidado entre la desidia y el ocio mercantil. Vivamos que no es poco.