Un testigo del incendio de Ávila cuenta sus impresiones tras haberlo vivido frente a las llamas sin haber sido evacuado de su vivienda
El sábado día 25 de julio “amaneció muy bien, todo despejado. El viento del norte se había llevado todo el humo, con una significativa bajada de temperaturas. En fin, ventanas abiertas y tranquilidad, hasta que a media mañana nos vino la sorpresa”. Escribe Paco, meteorólogo jubilado, quien pasa largas temporadas junto a María Jesús, su esposa, en la casa que poseen en una zona frondosa, situada a la orilla del embalse de El Burguillo, en la provincia de Ávila, construido sobre el río Alberche hace un siglo, en un terreno de enebros y encinas cuyo cuerpo principal va desde el este -donde está la presa- hasta el oeste -orientación de la cola-. El río remonta hacia su cabecera en esa dirección, pasando por los municipios de Navaluenga, pocos kilómetros más allá de la cola, y Burgohondo, algo más arriba.
Es este último el lugar en el que el miércoles 22 se originó el incendio forestal que, pasados los días, resulta ser el más grande de los que se han producido en España, con una cifra provisional de unas 46.000 hectáreas afectadas, afortunadamente, hasta el momento, sin víctimas mortales. Se presume su origen en la grave negligencia de una persona, quizás dos, manejando maquinaria pesada para abrir un camino, en un momento en el que las autoridades lo tienen prohibido por el riesgo de que pueden saltar chispas que acaben provocando un incendio, como así ocurrió. Cuentan que habían sido advertidas de la imprudencia que estaban cometiendo, pero no parece que hiciesen caso.
Este embalse de El Burguillo tiene un gran brazo hacia el norte, estrecho y alargado, que corresponde al pequeño valle que forma el arroyo de La Gaznata. En el margen este, mirando a poniente, cercana a la orilla, se encuentra la casa de Paco, nuestro interlocutor. Desde allí, después de haber estado frente a las llamas, narra su testimonio de estos días.
“El fuego empezó cerca de Burgohondo, al sur del río y se fue extendiendo hacia el este. Yo tenía la confianza de que estaría siempre al otro lado del embalse”. El incendio llevó el nombre de este municipio las primeras jornadas. La extensión hacia el este lo iba acercando a la Comunidad de Madrid. Con relación a la casa de Paco, el embalse, su lámina de agua, proporcionaban una sensación de confianza momentánea. “La noche del sábado, a pesar de que el viento empezó a rolar del norte, en algún intervalo de calma el fuego debió saltar el río, hacia su ribera norte, y aunque no se propagó mucho en esa dirección, pues tenía el viento en contra, si lo hizo hacia el este”. Esta es la dirección de la casa de Paco y su familia.
“A media mañana del sábado vino la sorpresa. Empezó a aparecer humo denso enfrente de la casa, a poca distancia, en la coronación del margen oeste del brazo del embalse y muy poco después aparecieron las llamas. Rápidamente invadieron todo el terreno, ladera abajo hasta la orilla, a la vez que se extendían hacia el sur”. Estando en tu casa, en un medio conocido, se genera una falsa sensación de tranquilidad, de quien contempla lo que sucede ajeno a que el incendio te pueda acabar afectando a ti.

Nunca había visto el frente de un incendio forestal tan cerca, con grandes llamas y un intenso humo. “Era impresionante el intenso crepitar de la vegetación, con los crujidos incesante de troncos y ramas. Un ruido bronco y estremecedor”. Pero si tan fuerte ha sido la impresión de encontrarse frente al fuego, contemplar en primera fila las maniobras de extinción no ha sido menor. “Fueron apareciendo helicópteros, uno tras otro, hasta cinco, que llenaban sus baldes con agua del embalse y atacaban las llamas en la ladera”. Los de mayor capacidad pueden cargar hasta 3.400 litros, teniendo dos horas de autonomía. “Era sorprendente ver cómo se acercaban cerca de la orilla, casi rozando las copas de los árboles, supongo que para protegerse del viento que soplaba, cargando agua una y otra vez y derramándola sobre la vegetación que ardía”.
“Viendo lo preocupante de la situación recogimos lo imprescindible y nos marchamos hacia El Barraco, ante la incertidumbre de lo que pudiese pasar”. El Barraco es el municipio más cercano, situado a mayor altura que el embalse -de ahí que se intuyese un lugar más seguro-, cuyo escudo representa la escultura de un verraco, recordando los asentamientos humanos datados del siglo VI a.C.
“Bien avanzada la tarde, presumiendo una mejoría y aun sin saber si nos dejarían llegar a la casa, decidimos volver. La carretera estaba cortada poco ante de la entrada, pero los guardias nos informaron que ya no había peligro y nos dejaron pasar. Seguían los helicópteros llenando sus baldes y dirigiéndose a apagar puntos más lejanos”, “Hemos pasado la noche bien, hoy (domingo) ha amanecido tranquilo, aunque andamos tratando de reorganizarnos y decidir qué hacer si lo cosa vuelve a ponerse complicada”.

Desde el inicio del incendio el día 22 Paco y María Jesús habían ido notando humo encima de su casa, si bien no causaba molestias. La zona inicialmente afectada estaba a más de quince kilómetros de la vivienda, al suroeste. La tarde del jueves 23 la humareda se hizo más densa. Decidieron voluntariamente confinarse en el interior. A media tarde recibieron un Es-alert, indicando confinamiento, lo que ya estaban realizando, a la vista de cómo se iba cargando la atmósfera. Desde allí divisaron que el incendio se extendía y acercaba, de tal forma que esa tarde ya veían las llamas, sobre una elevación, a unos cinco kilómetros. Es posible que afectara en esos momentos al Valle de Iruelas, en la zona más oriental de la Sierra de Gredos, donde se yerguen ejemplares de pinos negrales y laricios. También habita la mayor colonia de buitres negros de Castilla y León.
Confiaban en que, al estar el embalse de El Burguillo de por medio, estarían protegidos, si bien atentos a lo que pudiese pasar, pero el viernes 24 constataron que la situación no pintaba bien. Pensaron que si se levantaba algo de viento, despejaría el humo y así los aviones y helicópteros cargarían agua para seguir actuando. Esa mañana ya se encontraban activos los tres incendios que han acabado por unirse: este que comentamos; el de Almorox, provincia de Toledo; y el de San Martín de Valdeiglesias. El día lo pasaron confinados en el interior, una larga espera.
“Es curioso, hay un silencio absoluto: los pájaros no cantan, las chicharras tampoco, por la carretera no hay circulación…”, decía Paco en esos momentos. Van pasando los días, los esfuerzos del dispositivo de extinción van dando sus frutos y se va recobrando la normalidad para muchas familias

