Estoy enfadada. No vamos a encontrar otra oportunidad en mucho tiempo para que las izquierdas, los partidos de izquierda se movilicen buscando el interés general, los problemas de la gente, porque la gente ya lo está haciendo en la plazas, en las calles, demostrando que podemos ser más.
La derecha y la extrema derecha se han quitado la careta, tan seguros están de ganar y si no lo hicieran ahí está la amenaza del voto por correo, inteligentemente señalado por si acaso. ¿Y la izquierda se está quitando la careta? No sé qué pensar, entiendo algo de políticas de partidos partidistas e intereses de egos y patriarcales, ya estuve en uno, y observo muy atentan los movimientos de todos los partidos al respecto.
Ahora es el momento de la unión, olvidando protagonismo y movimientos que nos llevan a la confusión, que nos ilusionan un rato para luego salir con quítame ahí esas pajas, que yo soy más importante, que atraigo más votos o que mi partido estaba ahí desde el principio y solo quería demostrar lo importante que soy para que no me dejen atrás y le gane la partida a los otros egos.
Esta mañana, 12 de octubre, el que llaman fiesta nacional, estaría bien que esos y esas mentes pensantes, que practican las políticas que dicen ser para todas y todos, deberían ver y escuchar el clamor de la calle y las plazas, ponerse a trabajar por la gente para que tengamos la oportunidad de votar alegres el día 29 de noviembre, donde de verdad se decidirá el futuro de nuestro país por muchos años. A ver si nos vamos quitando todas las caretas y nos miramos a los ojos. Aquí “o nos salvamos todos o no se salva ni dios".
Viene bien recordar en estos momentos a Pepe Mújica que se presentó a presidente con el Frente Amplio en Uruguay. “Pero qué sentido tiene la vida si nos quitan la esperanza de soñar con un mundo mejor”, dijo en una ocasión. Decía que la desgracia de la izquierda es el no saber mantener la unidad, el no tener claro cuál es su adversario principal. No parece que la izquierda de nuestro país haya aprendido mucho. Una verdadera desgracia. Sí.

