La misoginia le. hace escribir a Quevedo en Las Zahurdas de Plutón que en la. vida hay dos caminos, el de la virtud, angosto y lleno de abrojos y malos pasos y el del infierno, ancho y con facilidad por el que circulan coches, carrozas, caballos y caballeros. Por él van las mujeres al infierno tras los dineros de los hombres y los hombres tras ellas y su dinero. También vienen una gran caterva de casados con sus mujeres de las manos ya que la mujer es el ayuno del marido, pues por darle la perdiz y el capón, no come y a su vez es su desnudez, pues por darle galas y joyas van en cueros. En el caminar por este camino del infierno se topa uno con una laguna grande y sucia en donde penan las mujeres que se hacen dueñas; aquí las dueñas se vuelven ranas y como ranas están eternamente hablando, sin ton ni son, húmedas y en cieno y como las ranas no son ni carne ni pescado, se convierten en sabandijas con las piernas abiertas y que se comen de medio cuerpo abajo.

Más tarde, a través de una ventana, va a mostrarse lo que hacen las feas; unas se ponen puntos en la cara; otras se hacen de nuevo, poniéndose tacones para aumentar su estatura, fijándose cejas postizas, tintándose el pelo, enmascarando sus cuerpos con las ropas, cambiando su cara con los afeites o dando brillo a sus labios con el color; otras están poblando sus calvas con cabellos que eran suyos sólo porque los habían comprado; muchas duermen con una cara y se levantan con otra, con unos cabellos y amanecen con otros. El caso más intrincado y más difícil que aparece en estos sueños es el caso de una mujer que estaba entre los ladrones y que decía: “Decidnos Señor, ¿cómo ha de ser esto de dar y recibir, si los ladrones se condenan por tomar lo ajeno y la mujer por dar lo suyo?”.

El Mundo por dentro presenta un constante cortejo de ambos sexos. En el comienzo, se hace una crítica de numerosas profesiones y se mencionan las putas, las alcahuetas y las pícaras. Luego aparecerá el episodio de las viudas, que en el día de su viudez es cuando más comen, porque para animarlas las vecinas y amigas le ofrecen unas un bocado, las otras un trago, a los que ellas, sin despreciarlos, los toma exclamando que todo se vuelve ponzoña porque antes estaba acostumbrada a comer todo a medias y ahora se lo habrá de comer todo entero sin dar parte a nadie, lo que le producirá mucha desdicha. Detrás vendrá la sátira contra las mujeres. Primero criticará a la mujer hermosa por los potingues que usa para parecer bella y que cuando quieren halagar algunas narices, se encomiendan a las pastillas y al sahumerio o aguas de olor. Continuará diciendo que nuestros sentidos no saben lo que es una mujer pues si la besas te embarras los labios de los afeites y cremas que utiliza, si la abrazas aprietas tabillas y abollas cartones de los rellenos que usa, si te acuestas con ella la mitad dejas fuera de la cama de las cosas que se quita, si la pretendes te cansas, si la alcanzas te embaraza, si la sustentas te empobreces, si la dejas te persigue, si la quieres te deja.

Quevedo quiere que la muerte acabe con sus sueños y así escribe desde la Torre su Sueño de la muerte o la Visita de los Chistes. En ellos personifica las figuras proverbiales, las frases hechas y las fórmulas cotidianas y les permite protestar contra sus circunstancias. Aparecen Dueña Quintañona, doña Fábula, Mari-Zápalos y Mari-Rabadilla- las desdichadas que los vivos traen en sus conversaciones difamadas-,  Marta- la de muera Marta y muera harta-, la manceba del abad-  ya que se dice el mal para quien lo fuere a buscar y para la manceba del abad-  y la esposa de Diego Moreno- cabrón al que su mujer le pone los cuernos y de ahí el dicho “ Dios me guarde a mi Diego Moreno que nunca dijo malo ni bueno”.

En los Sueños de Quevedo aparece, como hemos reflejado, una gama muy considerable de mujeres y se hace mención en repetidas ocasiones a los cornudos, no como mal de los hombres sino por la implicación directa que tienen las mujeres en su engaño, es decir, es el pecado de las mujeres lo que quiere destacar. En la referida gama cabe clasificar a las mujeres en: hermosas, feas y viejas, y las profesionales- dueñas, alcahuetas y putas-. Podemos apreciar que entre las profesiones de las mujeres sólo se hace referencia a las que se refiere al sexo, dado que en la época en que vive Quevedo el espacio social era muy limitado para la mujer y nulo el económico puesto que las únicas profesiones femeninas eran las relacionadas con las tareas agrícolas como ayuda del hombre y las del hogar, bien en su propia casa, bien en la de los señores.

Las hermosas aparecen con mucha frecuencia en los Sueños y Quevedo nos quiere advertir de su amenaza en una doble vertiente: causando un gran sufrimiento al sexo masculino por sus engañosas bellezas y debilitando a la nación por encauzar su interés al mantenimiento de la feminidad en uso indiscriminado de elementos de adorno para resaltar su belleza, haciendo sobresalir la dependencia femenina de la cosmética. Esta situación anti femenina no nace de un mero reproche de las mujeres vanidosas, sino de una misoginia profundamente arraigada.

La segunda categoría de las mujeres quevedescas nos llama la atención por la fealdad y por la vejez. En los Sueños, hay ataques crueles y virulentos a las repugnantes y a las ancianas, y la innecesaria repetición nos hace pensar que el odio del autor hacia este tipo de mujeres no se basaba en su gusto por lo estético, sino que quizás tenía su origen en alguna fobia interna del autor hacia este tipo de mujeres. El último grupo de las mujeres quevedescas se distingue por sus oficios lucrativos y numerosas mujeres se condenan por avaricia materialista. Así vemos como muchas de ellas se casan por dinero, cobran a los hombres por sus servicios sexuales o casan a sus hijas con ricos hombres para aprovecharse de su posición financiera.

La misoginia quevedesca no surge de una forma caprichosa ya que puede mantener al mismo dos posturas contradictorias tales como componer sonetos de amor cortés y escribir poemas satíricos o burlescos contra las mujeres, sino que es una misoginia arraigada en la ideología conservadora que rodea la obra y vida de Quevedo, por lo que insiste a las mujeres a volver al pasado perdido, donde los valores morales eran los principios de la añorada patria.