Los años de la II República (1931-1936) fueron muy importantes para afianzar un proceso de emancipación de la mujer, aunque este proceso fuera posteriormente truncado por la sublevación del ejército y la implantación de una dictadura tras la victoria del bando sublevado en la Guerra Civil. Decimos y lo decimos bien cuando afirmamos que durante la República fue cuando las mujeres españolas alcanzaron las cotas más altas de libertad conocidas hasta la fecha, pero la adquisición de derechos y libertades en este periodo democrático español hay que enmarcarlo en la influencia que tuvieron los movimientos feministas europeos y estadounidenses en mujeres que posteriormente serían claves en el proceso emancipador de las españolas, tales como María de Maeztu, Zenobia Camprubí, Victoria Kent y Margarita Nelken.
A partir de la primera Guerra Mundial, comenzaron a imperar entre las mujeres europeas ideas liberales que condujeron a variar sus prácticas sociales dando origen a un restringido grupo que se conoció como la mujer moderna que se convirtió en un notable fenómeno social durante los años veinte y treinta del siglo XX. Aquellas mujeres pertenecían a familias burguesas o de clase alta, siempre imbuidas de un espíritu liberalizador y rompedor de las ideas y tradiciones que la sociedad conservadora les imponía. Consiguieron romper las barreras impuestas a las mujeres, desviándose, no sin pocas dificultades, del camino trazado para ellas –noviazgo, matrimonio, hijos y vida hogareña– para buscar nuevos horizontes donde poder realizarse como seres autónomos.

Consiguieron ir imponiendo sus ideas, primero a las familias y después a la sociedad, y poco a poco acceder a la educación y a la cultura, llegando a los estudios superiores que les permitieron llevar a cabo su realización personal a través de su vocación profesional. Esto permitió que formaran parte de círculos donde se debatían cuestiones políticas y comenzaran a plantearse la emancipación de los hombres, llegando a alcanzar una conciencia política liberal. Fueron apareciendo los movimientos feministas y las mujeres irrumpieron en los teatros, cines, bailes, cafés y tertulias, lugares tradicionalmente reservados a los hombres, con los que desde entonces comenzaron a plantear debates en los que exponían libremente su opinión.
El acceso a la modernidad llegó a través principalmente del cine y dio lugar a que la moda femenina hiciera cambiar desde el aspecto físico hasta el modo de vestir, liberando a las mujeres de las ataduras y corsés del pasado. Estos cambios potenciaron a una mujer dinámica, enérgica e independiente, que practicaba deportes, viajaba sola, vestía con ropas sueltas, usaba pantalones, llevaba el pelo corto y se incorporaba, poco a poco, al mundo laboral.

Con la llegada de la República comenzaron a producirse importantes cambios en la sociedad que afectaron enormemente a la mujer. Las Cortes constituyentes redactaron una Constitución con un importante cambio en cuanto al desarrollo de las libertades se refiere, sobre todo respecto a las mujeres. El epicentro de las libertades de las mujeres fue la Constitución de 1931. Las mujeres podían ser elegidas diputadas a Cortes, aunque carecían del derecho a votar en las elecciones, que estaban reservadas a los hombres, como tradicionalmente se hacía desde la Constitución de Cádiz, primera liberal española. Tres españolas consiguieron el acta de diputadas en Cortes: Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken.
Las dos primeras protagonizaron un encendido debate en torno a la conveniencia de otorgar el voto a la mujer. La primera a favor. La segunda, aunque partidaria del voto, proponía hacerlo más adelante cuando la mujer estuviera “más madura” en su formación cultural. Ganaron las propuestas de Clara Campoamor y el derecho al voto de la mujer fue incluido en el artículo 36, aunque las mujeres tuvieron que esperar a las elecciones del año 1933 para poder participar en los primeros comicios de su historia. Otro gran debate surgió en torno a la aprobación de la Ley del Divorcio, que venía a conceder la posibilidad de disolver el matrimonio y permitir que la mujer no estuviera ligada de por vida a su marido. En este asunto, la oposición provenía de los sectores ligados a la iglesia que veía mermado su poder y lo consideraba como un ataque directo a su poder y a su institución.

Una nueva libertad fue la consecución de la despenalización de la interrupción del embarazo, con la publicación del decreto en 1936 por parte de Josep Tarradellas, presidente de la Generalitat catalana en 1936, que permitía a las mujeres interrumpir el embarazo hasta las 12 semanas. La ministra de Sanidad, Federica Montseny, intentó extender este derecho a toda España, pero no fue posible porque ya parte del ejército se había sublevado contra la República.
Durante los pocos años que duró la República, las mujeres tuvieron la oportunidad de incorporarse a la vida pública y fueron muchas las que decidieron trabajar fuera de las paredes de la casa, dejando a un lado ser “amas de casa”, pasaron a ser obreras en diferentes ramas y lugares. Destacaron en la educación y la enfermería. Tuvieron un papel muy activo en las labores de alfabetización promovidas por la República con la Misiones Pedagógicas, llevando la cultura a los más apartados y recónditos rincones. Las maestras republicanas destacaron en estas labores educativas.
Así pues, la República fue el momento en que las peticiones feministas tuvieron su recompensa con la adquisición de nuevos derechos, hasta entonces inexistentes. Fue cuando el número de alumnas universitarias alcanzó las cotas más altas y fueron de la mano cultural de la Generación del 27.
La victoria del ejército sublevado y la desaparición de la II República supuso un retroceso sin parangón en los derechos de las mujeres, que se vieron de nuevo relegadas al ámbito doméstico y sometidas a sus maridos, padres e incluso hermanos que ejercían sobre ellas un férreo control. No volverían a disfrutar de libertades similares hasta que en 1978 se aprobó la Constitución y en la que se reconocerían sus derechos en igualdad total a los hombres.


