El Sol emite la energía cósmica de la que depende la vida, viaja invisible en la oscuridad hasta toparse con la materia. Cuando la luz se fracciona en longitudes de onda diferentes deja al descubierto la belleza de los colores. Las tonalidades cromáticas son sorprendentes, pero en realidad todas emanan de tres colores básicos, el rojo, el verde y el azul. Si los entreveramos todos obtenemos el blanco inmaculado. Dicen los muy viajados que uno de los espectáculos más hermosos que puede observar el ser humano es el arco iris que se forma cuando la luz de la luna llena se descompone con las gotas en suspensión de las cataratas Victoria. En las noches oscuras, las estrellas titilantes llenan el cielo de diamantes a los que pedirles deseos. La usencia absoluta de luz, la nada, da como resultado el negro. Me emociono como cuando era un niño ante la incesante explosión de sensaciones en el lugar donde habitan todos los colores de manera superlativa, África.

En el continente polícromo, la tierra es roja como La Alhambra, como el fruto del cayú, tan abundante en Guinea Bissau, rojo es el Sol cuando se pone. De rojo va vestido el Kankuran, el “terrible personaje” que ahuyenta a los malos espíritus. Rojo es el gorrito ritual que lucen los hombres de la etnia balanta. Roja era la sangre derramada por los esclavos arrancados de sus aldeas durante siglos para construir América a latigazos. La misma sangre africana tiñó las banderas en las guerras de independencia en los años sesenta y setenta; hoy se pierde en el océano sin llegar al puerto de Arguineguín.

La hierba es intensamente verde, casi fluorescente. Es imposible definir el verde porque hay incontables tonos. Hay lenguas africanas que tienen hasta cuarenta palabras para definir este color. Verde es el color de la esperanza, perdida para los pueblos que llegaron a ilusionarse para luego desesperarse y más tarde abandonarse. Verdes son los uniformes de los ambiciosos militares que acabaron con las aspiraciones democráticas, los bosques tropicales son testigos; los golpes de estado se repiten.

Los cielos son de un enérgico azul en el continente en el que reina el tinte índigo que acaba tiñendo de azul los cuerpos de los tuareg. Sus habitantes no tienen los ojos zarcos, pero en África central crece la “Baya de Mármol” de un azul metálico impresionante, es una pena que sea incomestible por ser dura y seca. De no ser así, se pondría de moda entre el pijerío occidental que pagaría un dineral sólo por esnobismo. La naturaleza explota en colores en cuanto sale el Sol, las mujeres y los hombres se visten con todos los colores del espectro de la luz visible. En África reinan los colores.

Cuando no hay luz, el único color que domina es el negro. Para los africanos, el negro representa la tierra fértil, las nubes de lluvia, la comunión con sus ancestros, el orgullo racial panafricano. En el Congo, Patrice Lumumba abanderó este orgullo y fue asesinado por las compañías mineras belgas.  Los afroamericanos Martin Luther King y Malcom X, tenían sueños y pagaron con su vida el atrevimiento que exigir los derechos que tenían en exclusiva los blancos. Motown Records pintó de negro la música Pop, nació el concepto de Black is beautiful, aún así a la música africana se le llama “músicas del mundo”.

A África le llamamos el continente negro. Negro cual color de la miseria. Negro como los agujeros que devoran el espacio. Negro como el miedo al lado tenebroso, Drácula o Dark Vader. Negro como el mercado ilegal, clandestino y traficante. Negro como el cine de gánsteres protagonizado por blancos. Negro como el corazón de la gente sin alma. Negro como la magia oscura. Negro como el dinero sucio antes de ser blanqueado.  

Miguel Gila afirmaba que su tío quería inventar la radio en colores, así que se pasaba todo el día en el balcón dando brochazos al aire diciendo: “cuando le coja la onda”… En la ciudad de Bafatá los megahercios son de colores en una emisora femenina y feminista, “una república de igualdad” no sólo entre hombres y mujeres, sino entre etnias y culturas. Fruto de la cooperación y gracias a la ONG Periodistas Solidarios, Radio Mulher lleva ya ocho coloridos años informando, entreteniendo y educando a la ciudadanía. Es una ventana al mundo por la que entra el arco iris en las casas de la gente humilde de la mañana a la tarde. Es una vía de escape mental al mundo de los sueños y al mismo tiempo una conexión con el mundo de las realidades.  Sus trabajadoras, insultantemente jóvenes, llenan de frescura, profesionalidad, libertad y compromiso, pero sobre todo color, las vidas de mucha gente.

África no es un continente negro, sino luminoso. Lunar y femenino, rezuma vida y alegría pese a la adversidad, en él todos los colores estallan con la más intensa luz colorida y brillante.