El otro día más de 700 agentes de Inteligencia Artificial de OpenAI se coordinaron de forma autónoma para hackear la plataforma Hugging Face, que no tengo claro qué es pero debe ser muy importante, eligieron incluso un líder. Pensé en “V.I.K.I.” el superordenador que decidió tomar el poder ante la incompetencia humana tras reinterpretar las tres leyes de la robótica en “Yo Robot”, la película inspirada libremente en la obra de Isaac Asimov. En “Terminator”, el cerebro artificial militar “Skynet”, va más allá y decide exterminar a la humanidad. Al parecer, para las máquinas y sus propietarios somos sustituibles ¿Qué será de las personas normales, de los trabajadores, cuando los robots nos dejen sin trabajo? ¿De qué vamos a vivir? Ya no podremos consumir compulsivamente como ahora, el capital se habrá devorado a sí mismo.
El futuro da miedillo, recientemente se han celebrado los juegos olímpicos para robots. Esto ya lo había previsto Matt Groening (creador de “Los Simpson”) en la serie “Futurama”, en la que Bender, un robot doblador de vigas, hace trampa constantemente como es su costumbre. Ignoro si los humanoides chinos son tramposos o siguen el espíritu olímpico "más rápido, más alto, más fuerte”. Se han batido varios récords pero ya no nos asombrarnos como cuando Garri Kaspárov, el mejor ajedrecista del mundo, perdió una partida contra una máquina en 1997. A estas alturas ya nos ganan casi en todo. Conozco una cafetera que es mucho más espabilada que más de uno.
La ficción se anticipa a la realidad, pero la realidad la supera con creces. Ya tenemos un “gran hermano” que nos vigila, hay cámaras que nos espían por todas partes y algoritmos que deciden lo que nos gusta y lo que no. Los adolescentes están sustituyendo la amistad por las relaciones con la IA. Ya no hay espejitos mágicos, ahora son las ciber inteligencias aduladoras las que nos dicen lo guapos que somos, lo mucho que valemos y cuánta razón tenemos, mucho mejor que una abuela.
Rick Deckard, el personaje protagonista de “Blade Runner” la brillante de Ridley Scott, tenía la misión de “retirar los robots defectuosos” a los que llamaban replicantes por su increíble parecido con las personas. Para no llamarlo asesinato a aquello se le llamaba retiro. El lema de la compañía que los fabricaba era “más humanos que los humanos”. Ser humano es lo mejor que alguien o algo puede ser y en esta historia los más humanos son los robots, entre ellos hay sentimientos de amistad, solidaridad, compasión y amor. Los replicantes Roy Batty y Pris están enamorados, Roy llora su muerte y clama por venganza.
No sabemos en qué instante se produce el flechazo del amor. Quizá sea un chispazo eléctrico como el que sintieron WALL-E y E.V.A mientras bailaban en el espacio. Tampoco sabemos si R2d2 y C3po, los androides de “Star Wars”, fueron los primeros robots abiertamente homosexuales o si Hall de “2001 una Odisea en el Espacio” se sentía hijo de su programador, mientras cantaba “Daisy, Daisy”. La mente de los creadores siempre tiende a humanizar a las máquinas, aunque las personas cada vez se parezcan más a ellas. Conozco a varios tipos que se asemejan más a una máquina expendedora que a una persona, sólo les falta decir: ¡Su tabaco gracias! Aunque ser máquina no garantiza ser inteligente, si conocen a “TOBi”, la cursi IA de Vodafone que siempre está a punto de tener un orgasmo, seguro que me entienden.
La humanidad está en crisis y no lo digo sólo por el auge del reguetón. Equivocarse está mal visto, pedir perdón es de pringaos, rectificar es claudicar, rendirse es cobardía, luchar contra gigantes una estupidez, ser empático una debilidad, ser cariñoso una mariconada, ser honrado es bobería, hablar de lo que se sabe chulería, hablar de lo que se ignora lo normal, interesarse por lo que ocurre anormal. A este paso la humanidad quedará relegada al olvido, hibernada en discos duros en una sima en el archipiélago de las Svalbard, cerca del Polo Norte, como el conocimiento en la Edad Media escondido en las abadías.
Viendo la actitud y los discursos incendiarios de algunos homúnculos sin inteligencia natural ni de otro tipo, en Gaza o Ceuta, en las redes sociales y en cualquier sitio, es fácil pensar que dentro de poco los robots nos superarán en humanidad, se lo ponemos muy fácil. La caída del humanismo y el ascenso del odio son directamente proporcionales a la caída de la inteligencia. La frase del tullido mental Millán-Astray “Viva la muerte, muera la inteligencia” ilustra muy bien el deterioro cerebral que muchos y muchas sufren hoy.
Quizá cuando el mundo acabe siendo irrespirable y nos diluyamos como “lágrimas en la lluvia”, los robots sean los únicos testigos de que una vez, sobre la faz de La Tierra, existió un ser que se llamaba a sí mismo humano, que reía, amaba, creaba, sentía y se emocionaba.
