Para explicar su victoria contra Farnaces II en Asia Menor, el general romano le dijo al Senado, "Veni, vidi, vici"; a Julio Cesar le bastó con mostrar sus legiones para merendárselo cochite hervite. Ganar las batallas sólo con alardear es práctico a la par que barato. El poder inflama a quien lo detenta y produce coros de pelotilleros espejos, espejitos mágicos del cuento, que siempre le dicen a la Reina Malvada lo que quiere oír. La competencia entre aduladores es tremenda.
Todos los hombres del presidente dibujan la ruta hacia la gloria sobre el mapamundi, esto está chupao, en cinco minutos... Sobre el papel siempre se gana, basta con ordenar y mandar para que todo salga según lo previsto. Groucho Marx se ríe de Margaret Dumond en su cara y ella sonríe, asentir con la cabeza es su única reacción. Putin señala un punto y dice “da, da, da”, lanza unos misiles de nada y Kiev se rinde en el acto. Rápido, limpio y eficaz. Eso al menos pensaba el dictador ruso, pero la realidad es de carne y hueso, ya llevamos casi cinco años de guerra. Cuando atacan tu casa, la capacidad de resistencia se multiplica. Napoleón fue consciente de esto en su exilio en Santa Elena, pero ya era tarde, el pueblo español había derrotado a su “Grande Armée”, con navajas traperas y horcas de madera.
El hombre es el único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra, el hombre americano muchas más. Tras las exitosas invasiones de Vietnam, Afganistán e Irak, el emperador de la desnudez moral y la indigencia intelectual cree que los iraníes van a rendirse en cuanto descubran que Dios está del lado de los americanos. Supongo que Trump cree que al cargarse a Alí Jamenei, ha acabado con Alá. Sin embargo, los iraníes siguen creyendo en el divino hacedor y no habla inglés. Mientras, Jehová está ocupado en ayudar a Netanyahu y a su pueblo elegido en la dura tarea de “hacer a Israel grande otra vez”. Y yo que pensaba que las cruzadas eran cosa de la Edad Media. Por qué hablarán todo el tiempo de Dios en lugar de hablar de lo único que les importa, el dinero, el poder, librarse de la cárcel…
Trump utiliza la técnica del pavo real para parecer más grande aún, seducir a incautos y amedrentar a todo el mundo. Insulta y humilla a sus homólogos y ellos reaccionan igual que un saco de boxeo. Inertes, agachan la cabeza ante un matón con un vocabulario propio de Bob Esponja. El poder nunca es de origen divino, los poderosos lo son, porque los demás se lo consienten. Cierto es que el miedo es tan libre como humano, pero a algunos les hace perder la dignidad. Hoy día, todo el mundo admira a Churchill por ser el único mandatario beligerante contra el nazismo en los años treinta y se avergüenza de Chamberlain, su predecesor, por decir que Hitler era “un hombre de paz”. De cuántos abyectos Rutte, Von der Leyen, Merz, Macron, Feijoo, Abascal… se avergonzarán nuestros nietos recordando estos tristes días en los que Trump habla y casi todos se arrodillan.
Ante la barbarie, no hay zonas de confort, sólo se puede estar de un lado. El gran estadista Aznar se colocó del costado de la mentira de las armas de destrucción masiva. Orgulloso de su iniquidad, aún habla de conspiraciones. Gracias a él, nos convertimos en lacayos del imperio y en diana del terror integrista. Las mentiras las puso Aznar, los muertos el mismo pueblo que gritaba ¡No a la guerra! Hoy las tan patrióticas como ciegas derechas españolas vuelven a colocarse en el lugar acostumbrado. En una reducción argumental apta para párvulos, la culpa de todo la tiene Sánchez. Enarbola banderas enormes, lleva pulseritas y habla de patria, mientras se muestra genuflexa ante el pato Donald. Es curioso que critiquen que el gobierno, por electoralismo, haga lo que quiere el pueblo. Yo creí que la democracia iba precisamente de eso ¿De qué lado están ellos?
Gritan como Groucho, pero sin puñetera gracia, “más madera, más madera, es la guerra”. La guerra, la guerra lejos de su jardín, la guerra por televisión, la guerra fenómeno atmosférico, la guerra en un tablero de Risk, la guerra gracias a Dios. Ataques preventivos contra enemigos que no existen. Inocentes que nada deciden, que todo lo sufren, enterrados en cal viva. Daños colaterales sin nombre, sin rostro, sin futuro, sin vida. Contrabandistas, fabricantes de armas, banqueros, tahúres jugando a la bolsa, predicadores del embuste, clérigos y cobardes varios, haciendo caja.
Sólo votamos cada cuatro años, “de momento” y gritar en las calles contra el poder depredador de la infamia que soborna la verdad. Callar ante la injusticia no es neutralidad, es complicidad. Sólo tenemos el derecho al pataleo, gritemos pues, paremos a los asesinos antes de que el mundo implosione estratégicamente. ¡No a la guerra! ¡No a la maldita guerra!
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