Buscando algo para ver en Filman me encontré con Thelma y Louise, la película de 1991 dirigida por Ridley Scott, y quise comprobar si la cinta había envejecido. Conforme transcurría la película iba comprobando, asombrada, que no solo no ha envejecido, sino que está rabiosamente de actualidad. Solo en el principio ya te presenta a los personajes femeninos, Thelma y Louise, dos amigas, sin rastro de ñoñería, como salidas de la realidad misma. Thelma, resuelta, libre, o eso nos hace creer, pero dejando un rastro que más tarde iremos descubriendo de tragedia, algo pendiente de los hombres, especialmente con los maltratadores e idiotas como el marido de su amiga. Louise, prisionera de un matrimonio desgraciado que ella misma ve como “natural”, necesita ser superficial para no mirar su propia realidad. Las casas de una y otra son un reflejo de la personalidad de ambas: ordenada y minimalista la de Thelma, desordenada y abigarrada la de Louise.
Ya conocemos la historia que nos narra la película: las dos amigas salen de viaje a pasar un finde semana, en la primera noche Louise sufre un intento de violación y Thelma asesina al personaje despreciable que intenta violar a su amiga. Cuando Louise sugiere que acudan a la policía Thelma le dice que quién las va a creer. La han visto bailar y beber con el tipo. ¿Acaso el hecho de que ella, Louise, dijese no en el momento de la penetración iba a ser suficiente? Incluso llega a culpar a su amiga por confiada por beber y tontear. Más tarde sabremos que Thelma fue violada tiempo atrás y desde entonces arrastra un trauma que la hace ser descreída de la justicia y de la policía. Además, en el fondo se siente culpable o la hicieron sentir culpable de su violación. Ella sabe que su palabra no tendrá valor ante los demás. Sin embargo, reacciona a tiempo y protege a su amiga en un acto de sororidad que se abre paso a través de prejuicios y malos recuerdos.
En su huida atraviesan paisajes bellísimos, reflejos a veces de sus estados de ánimo, de su libertad. Como Thelma suponía, la policía las tiene por culpables, a pesar de conocer al tipo despreciable al que han asesinado, sin plantearse los motivos desde el primer momento, exceptuando a un “poli bueno” que intenta ayudarlas sin éxito. En su huida hacía México se encuestan con un joven que mantiene relaciones sexuales con Louise, esta vez consentidas, que le dan la oportunidad de tener un orgasmo por primera vez, cosa que celebra su amiga. Louise había sido una madre, una cocinera y un cuerpo para su marido. El guapo joven resulta ser un estafador que roba el dinero que Thelma ha conseguido de su amante para huir. Una vez más las amigas son víctimas de un desalmado que usa su poder, en esta acaso el sexo, para causar daño.
A lo largo de la película vemos a una mujer, Louise, débil, indefensa, irresoluta y otra, Thelma, fuerte o, al menos, eso parece, decidida y segura de lo que hay que hacer. Poco a poco, especialmente desde el robo del dinero, se van transformando las dos, recordándonos el cambio que tienen Don Quijote y Sancho Panza que se van contagiando uno del otro. Así, Louise se transforma en una mujer fuerte, que incluso llega robar en un supermercado.
Divertidísimo es cuándo, cansadas de un camionero machista y creído de su poder como macho, que las molesta varias veces, le hacen creer que quieren sexo con él y consiguen que salga de la carretera con su gran camión, metáfora de su ego, y después de amenazarle con la pistola que llevan consigo, hacen explotar el camión mientras el camionero grita de rabia y miedo y ellas se alejan respirando la libertad que nunca han tenido, siendo ellas mismas, seguras de su amistad.
Pero ya sabemos desde el principio que la historia no puede acabar bien. Ellas deben pagar por atreverse a ser libres, por disponer de su cuerpo y decidir qué hacer con sus vidas. Antes de ser capturadas por la policía deciden arrojarse con el coche a un precipicio.
Estos días, mujeres libres, haciéndole frente al patriarcado, están siendo amenazadas, no creídas, violentadas de diferentes maneras. De algunas conocemos los nombre (Sara Santaolalla, Cristina Fallara) de otras solo conocemos sus denuncias al alcalde de Móstoles o al número dos de la policía nacional. Estas mujeres siguen siendo, igual que Thelma y Louise, amenazadas, violentadas de diversas formas, perseguidas, no creídas. Ahora que parece que el feminismo está siendo cuestionando, debemos estar alertas, no bajar la guardia y seguir luchando. Evitemos ser ingenuas y creer que son los hombres, esos que dicen pretender protegernos, los que vayan a hacerlo. Somos nosotras las guardianas de nuestra libertad.

