Al Sur de Sevilla llegó a parar un aluvión de expulsados, de desheredados. Las ciudades crecen en tamaño y dinero centrifugando personas según la pobreza disponible. En el callejero hay un distrito moderno, con amplias avenidas y glorietas, zonas deportivas, parques… Para irse a vivir allí, porque sobre el mapa todo parece normal. Pero la realidad es desastrosa, la fama aún peor. Hay un barrio sin nombre de barrio, un espacio geométrico, un polígono al sur, una especie de “reserva india” para los olvidados. Tiene subdivisiones con nombres de pintores y escritores ilustres, pero todo el mundo las conoce por su apodo, que va en función del número de viviendas. Las "3.000”, “las 800” y “las 624”, esta última zona también se conoce como “Las Vegas”, por la altura de sus edificios.
Sus habitantes no tienen gentilicio. Son lo que hay debajo de la alfombra, la Sevilla sin iglesias barrocas, sin turistas ni rascacielos. Un “distrito apache” lleno de inseguridad ciudadana, con clanes que imponen sus reglas ante la ausencia del Estado. Desde hace mucho más tiempo del razonable, sus moradores están atrapados en la exclusión social, un círculo vicioso, una rueda de hámster de la que es casi imposible escapar.
Entre “Las Vegas” y “Las 3.000”, el ayuntamiento de Sevilla cofinanció con la UE un magno edificio deslumbrante, moderno y equipado, destinado a ser un símbolo, la Factoría Cultural ICAS. Los símbolos a veces se quedan sólo en eso. Parece haber sido construido como un fuerte en territorio enemigo, protegido del entorno hostil. Debería ser la casa de los gitanos, dado que ese es su barrio. Triana es historia del flamenco, pero el Polígono Sur es la realidad actual. Llevan mucho tiempo solicitando que les cedan una salita para instalar la peña flamenca. El ayuntamiento nunca les ha dicho que no, pero siguen sin tener la sala. Así que la peña flamenca de un barrio flamenco no tiene dónde reunirse. Tiene también un magnífico auditorio en el que sí pueden actuar, siempre que le alquilen el espacio. Nadie puede decir que el ayuntamiento no hace nada por el Polígono Sur, tiene un centro cultural.
Los “hombres de respeto” de la comunidad piden eso, respeto a su ancestral cultura gitana. Son ciudadanos concienciados que aún no han perdido la esperanza de que aquellas calles se conviertan en un lugar normal. A un lado hay una especie de descampado acotado, dentro, los hierbajos tienen una altura de dos metros. Al parecer eso es un parque, ni siquiera se puede entrar, nadie ha visto a un jardinero. La administración construye algo, lo inaugura y ahí acaba todo. Hay un parque infantil muy deteriorado, todo se estropea con el uso, para eso existe el mantenimiento, pero allí nada se repara. Las calles están llenas de charcos de aguas fecales provenientes de tuberías que nunca se arreglan. La suciedad lo ocupa todo, no hay mobiliario urbano, tampoco barrenderos. Ellos no tienen los mismos derechos. Algunos incluso los culpan del abandono al que están sometidos, “les construyen un parque infantil y a los quince años está hecho polvo”.
En toda la zona hay un intenso olor a mariguana que acaba mareando. Son los secaderos de las plantaciones que hay en pisos. La droga proporciona dinero fácil, la policía lo sabe, no hay más que guiarse por el olfato. No se ven tiendas de ningún tipo, ni bares, ni abuelitos tomando el sol. La gente llena el maletero con la compra del mes, lo que más espacio ocupa es el agua embotellada. No es agua de Lanjarón, es que no sale agua del grifo. La mayoría de estos vecinos son buena gente, más o menos como en los barrios ricos. Pero si naces allí y eres gitano el estigma te perseguirá toda la vida. El talento se desperdicia, la cultura ancestral desaparece. Los gitanos saben mucho de supervivencia, han estado perseguidos desde que llegaron hace quinientos años. Pero tranquilos, seguro que PP y Vox los consideran “prioridad nacional”.
La necesidad los hizo solidarios y familiares, por eso entre ellos se llaman “primos”, la gran familia de la rueda. Siempre han vivido en los márgenes. En esos lugares clandestinos nació el flamenco, orgullo cultural de todos. Pero cuando algo triunfa, como el traje de gitana, pasa a llamarse “traje de flamenca” ¿Cómo iban a vestirse como las gitanas, las chicas bien? Llevo toda la vida oyendo eso de que “yo no soy racista, pero…" España expulsó a los andalusíes, a los judíos y se ha pasado quinientos años persiguiendo gitanos. El polígono Sur no es una excepción, hay un distrito así en cada ciudad. Los gitanos no pierden ni el orgullo ni la esperanza, lo repiten reunidos al calor de las hogueras, como hacían sus antepasados, bajo las estrellas que siempre les han pertenecido.
La pobreza es muy injusta no sólo por la escasez, sino porque la sociedad culpa al pobre de serlo.

