Han transcurrido ya más de 80 años desde que se produjo la segunda guerra mundial, considerada como el conflicto más brutal y devastador del siglo XX, donde las cotas de destrucción, barbarie, crueldad y exterminio alcanzaron cimas hasta entonces desconocidas por las sociedades que lideraban el progreso del mundo. Fue una guerra total ya que afectó a todo el conjunto de la sociedad y la población civil fue su principal víctima. Fue una guerra ideológica ya que a su amparo se persiguieron y ejecutaron enemigos por sus ideas intelectuales y religiosas contrarias. Fue una guerra económica, que puso el conocimiento científico, la técnica y los sistemas económicos y sociales al servicio de la guerra y los ejércitos beligerantes. Y fue una guerra civil ya que en muchos países fue un enfrentamiento entre los que defendían sus ideales democráticos y de respeto a los derechos humanos y los que se alienaron en la defensa de los pensamientos fascistas y totalitarios.
Las consecuencias de aquella guerra fueron enormes en aspectos como el demográfico, el económico y el moral. Más de 50 millones de personas murieron en la contienda, correspondiendo a la URSS, Alemania y Polonia los datos más elevados. Además, se produjo un éxodo importante de personas que se desplazaron de un lugar a otro huyendo de la contienda y que, tras la firma de la paz, retornaron a sus lugares de origen, ocasionando otra vez un masivo desplazamiento poblacional. La devastación se extendió a todos los ámbitos productivos; en la Europa oriental afectó principalmente a la capacidad productiva con origen principalmente en el pillaje de las ciudades en Polonia, la práctica de la tierra quemada en la URSS y la destrucción de pueblos, ciudades y campos en Yugoslavia.
En la Europa occidental las ciudades y las vías de comunicación fueron los elementos más afectados, teniendo que ser reconstruidos en gran parte. Japón quedó al borde del aniquilamiento por parte de la intervención de EEUU, que destruyó los centros industriales más importantes del país y arrojó las primeras bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Las economías coloniales se vieron desorganizadas por el abandono de las metrópolis durante la contienda, lo que produjo un desabastecimiento en muchos países europeos, sobre todo. Al finalizar la segunda guerra mundial, Europa había quedado totalmente destruida y su población diezmada.

Un importante aspecto atacado fue el moral. La barbarie de las acciones bélicas supuso que se cuestionaran los valores morales sobre los que se había asentado hasta entonces la civilización europea. Los derechos humanos no se habían respetado y durante los 6 años de guerra se había practicado una cultura de violencia y crueldad que no tuvo en cuenta raza, credo, sexo o edad. Se persiguió a los judíos internándolos en los campos de concentración, mandándolos a las cámaras de gas. Los polacos fueron masacrados por los soviéticos y los japoneses consideraron como un verdadero apocalipsis las consecuencias de las bombas atómicas arrojadas sobre dos importantes ciudades. Todos estos hechos provocaron un intenso trauma moral del que saldrían los interrogantes sobre la barbarie cometida por la cultura occidental.
Desde 1941 se produjeron diferentes conferencias de paz para atajar el grave conflicto que había enfrentado al mundo: Teherán, Yalta, Potsdam y París. En la conferencia de San Francisco se aprobó la Carta de la Organización de Naciones Unidas, organismo internacional al que se adhirieron 46 estados fundadores. Este organismo, al que pertenece la inmensa mayoría de los países libres, está formado por la Asamblea General, órgano deliberativo cuya autoridad es básicamente moral ya que sólo puede emitir recomendaciones al Consejo de Seguridad, que es el órgano ejecutivo básico, formado por 15 miembros, de los cuales son permanentes EEUU, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China, que tienen derecho a vetar las decisiones que se tomen en el Consejo. Los once restantes miembros son elegidos por la asamblea general. En el seno del consejo, las recomendaciones de la asamblea general pueden convertirse en decisiones que afectan a todos los gobiernos de los países que forman la ONU. Entre sus principios destacan la igualdad soberana de todos los estados, la solución pacífica de los conflictos entre dos países para evitar poner en riesgo la paz mundial, la abstención de la fuerza para evitar la amenaza contra la integridad territorial o la independencia política de otros Estados, la no injerencia o intervención en asuntos internos de un Estado, la cooperación internacional en asuntos económicos, sociales, culturales y humanitarios y el respeto a los derechos humanos promoviendo y alentando su obediencia.
A pesar de que en los años posteriores ha habido conflictos como la aparición de un mundo bipolar, la llamada guerra fría, los años de coexistencia pacífica interrumpida por algunas intervenciones de la URSS y de EEUU en algunos países que motivaron la aparición del aumento de la tensiones entre los dos bandos creados y comandados por estos últimos países como la ruptura de la URSS con Yugoslavia, la revuelta de Hungría, la Primavera de Praga, la intervención estadounidense en algunos países latinoamericanos o las disidencias de países europeos como fueron la salida de Francia de la estructura militar de la OTAN o la normalización de las relaciones entre las dos Alemanias, que terminó con la aceptación de ambas en la ONU y con el acercamiento entre Francia y Alemania Federal y la aparición de la CEE tras la creación del Tratado de Europa.

La bipolarización mundial comenzó a resquebrajarse cuando estados descolonizados no quisieron alinearse con ninguno de los dos bloques mundiales y tras la conferencia de Bandung apareció el movimiento de países no alineados en el que destacaron los presidentes de Yugoslavia (Tito), Egipto (Nasser) e Indonesia (Sukarno). Estados Unidos fue el país que salió más reforzado de la segunda guerra mundial ya que el escenario de la guerra estuvo centrado lejos de los territorios de ese país, por lo que no se produjeron pérdidas importantes en su tejido productivo ni en su población. Además, como tuvo que auxiliar a sus aliados europeos, muy devastados, la demanda de sus productos favoreció su crecimiento económico, lo que condujo a que el país norteamericano se consolidase como la primera potencia económica mundial, ejerciendo el liderazgo del mundo capitalista.
La reconstrucción de Europa occidental tras la guerra mundial fue muy rápida ya que alrededor de la década de los 50 los estados contendientes ya habían alcanzado el nivel de producción de la preguerra. En ello influyó considerablemente la ayuda económica de los EEUU con el plan Marshall y la formación previa de los trabajadores industriales que les permitió utilizar y adaptarse a las nuevas tecnologías importadas del país americano. Esta situación favoreció la implantación en la mayoría de los países el sistema democrático y la búsqueda de economías basadas en el estado del bienestar. Ello y la creación de la Unión Económica Europea produjeron una estabilidad en la vida de los ciudadanos y la creación de un frente común ante las continuas divergencias de los bloques que seguían la estela de los líderes de los dos bloques URSS y EEUU. Al mismo tiempo, comenzó el resurgir de China, que extendió su influencia en el comercio internacional, creando por tanto un equilibrio económico en el mundo y, al mismo tiempo, un equilibrio político.
Durante muchos años hemos vivido en un equilibrio mundial caracterizado por el respeto a los principios que emanaban de la ONU y, por tanto, se mantenía la paz del mundo. La presencia de los Cascos Azules, ejército voluntario bajo la bandera de las ONU, ayudaba a mantener el equilibrio y la paz en los territorios en los que cualquier causa alterase el orden y el respeto a su integridad territorial o la injerencia en sus asuntos internos.
Pero este orden ha saltado por los aires en los últimos años. La guerra de Gaza, con el intento de exterminio del pueblo palestino por los ejércitos de Israel con sus bombardeos y el no permitir que la ayuda internacional llegue a sus habitantes, ha roto el equilibrio en el mundo. Se han alzado voces contra esta situación, pero los judíos se ven fuertes porque los gobiernos estadounidenses los apoyan sin fisuras. La invasión de Ucrania por parte de Rusia es otro de los focos de desequilibrio mundial, sobre todo por la indiferencia y laxitud de la UE y la del actual presidente americano, que dijo que iba a acabar en una semana con la guerra y lo único que buscaba era conseguir que los ucranianos le permitieran conseguir los minerales para el desarrollo de su tecnología.
Y por último, en estos días el presidente Donald Trump ha amenazado a Venezuela, ha secuestrado a su presidente invadiendo sus tropas el país sin previa declaración de guerra y lo está juzgando un tribunal de un país que no es el suyo. Así mismo, ha impuesto un gobierno administrativo de sus intereses para conseguir manejar la producción del petróleo venezolano y evitar que llegue a China y Rusia.
En su afán de hacerse el dueño del mundo, como si de un señorito se tratara al organizar y dirigir su cortijo, ha amenazado a Dinamarca asegurando que obtendrá la isla de Groenlandia de una forma u otra, bien por su compra bien por su conquista. Este presidente, que hace bien poco reunió a la OTAN y obligó a que sus componentes firmasen que iban a contribuir con esta organización con un 5% de su PIB, ahora amenaza a un país componente de ese organismo. ¿Cómo actuará Europa ante este atropello si se llega a producir? ¿Qué actitud tomarán los estados miembros de la OTAN ante una salvaje y no justificada ocupación de un territorio perteneciente a un país soberano y miembro de la organización? Estamos ante una quimera y al albur de los caprichos de un político que solo busca sus intereses personales y su propio enriquecimiento.


