El incendio de Los Gallardos, en la provincia de Almería, ha sido pavoroso. Trece personas fallecidas cuando intentaban huir del fuego. Nunca antes un incendio forestal ocurrido en Andalucía había causado tantas víctimas. Siete mil hectáreas quemadas en apenas tres días, hasta que se ha conseguido detener las llamas. Unas mil quinientas personas desalojadas de sus viviendas. El fuego avanzaba en los primeros momentos a razón de cien metros por minuto.
Es un siniestro que muestra las principales paradojas del cambio climático en el Levante almeriense, según ha expuesto en una red social Antonio Castro, catedrático de Ecología de la Universidad de Almería. Constata que este año 2026 ha sido excepcionalmente lluvioso en su provincia, habiendo favorecido las precipitaciones una elevada producción de matorral semiárido, propio de estas sierras. A su vez, las altas temperaturas y las acentuadas olas de calor del inicio de este verano han secado con rapidez la vegetación que cubría el terreno, tan crecida y abundante, transformándola en una fuente de combustible vegetal. Se combinan episodios lluviosos, que incrementan la acumulación de biomasa, con veranos cada vez más extremos; aumenta el riesgo de incendios más rápidos, intensos y difíciles de controlar.
Dice Castro que “a ello se suman el abandono rural y la pérdida de usos tradicionales y manejo de suelo y una ordenación del territorio descontrolada, todos ellos factores que contribuyen a incrementar la carga de combustible vegetal y la vulnerabilidad de estos paisajes y sus gentes”. Lamenta el catedrático que “este incendio sea un ejemplo trágico de cómo el cambio climático está alterando la dinámica de los ecosistemas mediterráneos y amplificando el riesgo de incendios fatales”.

En suma, el favor que hace la lluvia a estos ecosistemas áridos y semiáridos, antes sometidos a un fuerte estrés hídrico, se convierte en riesgo a causa de los largos veranos con picos elevados de temperatura, causados por la intensificación de fenómenos meteorológicos extremos, propios del cambio climático. A su vez, en este caso concreto, puede parecer paradójico que se cite el abandono rural como uno de los factores de fondo que pueden causar incendios, cuando esta sierra de Bédar alberga gran número de viviendas en diseminado, donde han venido a vivir personas de otros países, eso sí fruto de una urbanización desordenada del medio rural y, en muchos casos, al margen de la legalidad.
En algún rincón del boletín oficial permanece la norma de los años noventa, completamente olvidada, que obligaba a la redacción de un plan de ordenación de recursos naturales para las sierras de Cabrera y Bédar, paso previo a su declaración como parque natural. Intereses locales y cinegéticos frustraron esta iniciativa. No ocurrió lo mismo con su inclusión en la Red Natura europea. Un decreto del año 2015 la declaró Zona Especial de Conservación -sus siglas ZEC- y aprobó su plan de gestión, pasando a formar parte de esta red de manera definitiva.
En ninguna de las informaciones del incendio de Los Gallardos se menciona el hecho de que el siniestro ha afectado a un espacio natural protegido. Parece ser una circunstancia que la información oficial obvia, como si esto fuese percibido como un agravante sobre el que mejor pasar de puntillas. Como causa de este incendio forestal se apunta la caída de un cable eléctrico que alimentaba a un antiguo restaurante, hoy cerrado. Ha negado la compañía eléctrica que ese cable se encontrase en uso. Además, dice, se trata de una línea privada.
Una noche de julio del año 2001 dos residentes extranjeros en Mijas, provincia de Málaga, circulaban por una carretera del municipio. Al observar los ocupantes que salía humo de la parte delantera detuvieron el vehículo a un lado de la vía. Abrieron el capó, saltando una chispa que prendió con rapidez en la frondosa vegetación de pinos cercana. El fuerte viento reinante en ese momento causó una rápida propagación de las llamas y una extensa humareda. Un hecho fortuito causó un notable siniestro. Se consideró histórico que la compañía de seguros se hiciese cargo de los costes de la extinción de este incendio forestal causado por un automóvil. Le supuso un desembolso de dos millones y medio de euros, incluyendo la restauración ecológica de cerca de seiscientas hectáreas del monte público dañado.

En el presente siniestro de Los Gallardos habrá que esperar a lo que determine la investigación oficial para conocer con precisión su causa, así como si habrá propietarios o empresas privadas que deban asumir los costes de la extinción y restauración forestal. Cada año que pasa se conocen mejor las causas de los incendios forestales. En la gran mayoría de los casos está detrás la intención de causar daño -rencillas, pirómanos,…- o simples negligencias, como puede ser este caso. Un motor del que salta una chispa, una línea eléctrica que cae, una barbacoa encendida en un lugar inoportuno, unas labores agrarias en un momento desaconsejado, un proyectil perdido en un campo de tiro…
En cuanto a su extensión, se apunta la cifra de siete mil hectáreas. Las imágenes muestran superficies de matorral, no tanto de áreas arboladas. Un solo incendio ha calcinado más hectáreas que todas las que ardieron en 2025 en Andalucía, que fueron algo más de seis mil, en ciento ochenta y dos siniestros. Fue el año que INFOCA estrenó una nueva configuración, adscrito a la consejería de Presidencia de la Junta, no sin polémica ya que un amplio colectivo de técnicos forestales y del medio natural pensaba que separar el dispositivo de extinción de la gestión forestal cotidiana podía conllevar una pérdida de eficacia. Habrá que esperar más datos anuales para evaluar los resultados de este cambio.
Los medios de información han ofrecido, como en otras ocasiones, abundantes noticias, si bien la comunicación oficial la monopolizan los políticos al frente de las administraciones, que se suceden en las pantallas. Quizás convenga deslindar el ámbito de la responsabilidad política y el de la información técnica sobre el alcance y evolución del incendio. ¿Por qué no intervienen ante las cámaras el director de la extinción o el del centro operativo?
Son numerosos los expertos -y otros que no lo son tanto- que manifiestan estos días sus opiniones sobre aciertos, desaciertos, estrategias a seguir u obligaciones futuras. La Unión Europea ha adoptado, en fechas muy recientes, una recomendación sobre la mejor manera de prevenir los incendios forestales. Apuesta por una gestión integrada del riesgo y se centra en cuatro acciones clave: prevención, preparación, respuesta y recuperación. Considera que invertir en esto es clave para proteger mañana vidas, comunidades y ecosistemas. Anima a los estados miembros a reforzar la gestión sostenible de los bosques y tierras, así como al mejor uso de los datos, evaluaciones de riesgo y alertas tempranas. Destaca la necesidad de impulsar la sensibilización ciudadana, el apoyo a las comunidades locales para la prevención y la mejora de las medidas de restauración, en el marco de una financiación a largo plazo.
A menudo se olvida que no bastan planes de choque puntuales para garantizar la gestión de nuestros extensos terrenos forestales. Un árbol no crece de un día para otro. Hace falta un compromiso sostenido durante muchos años, tanto en prevención como en el refuerzo permanente de los dispositivos de extinción. Es el momento de sacar todo el partido posible a la extensa ley forestal aprobada por el Parlamento andaluz, empezando por ampliar las mermadas plantillas de técnicos forestales y de biólogos, así como la de los bomberos de INFOCA.
Con respecto a la sensibilización de las poblaciones locales habría que ser insistentes, a fuerza de parecer pesados, durante meses y años, con información dirigida a quienes viven en el medio rural, en casas aisladas, urbanizaciones o diseminados, quienes van de acampada o excursión, quienes pasean por los bosques y no deben dejar ningún residuo, quienes se desplazan por pistas forestales y vías locales. Lograr una eficaz movilización ciudadana. Todos alerta. Y no olvidar que el cambio climático nos acecha, que extrema estos siniestros y que no van a parar porque un papel diga que esto es ideología, por muy timbrado y orlado que esté.

