Nos dicen que persigamos un sueño, que trabajando y esforzándonos lo conseguiremos: Quiero ser funcionaria, funcionario. Es la opción que el engaño del ser emprendedor nos ha dejado. Y seguimos corriendo hacia delante sin pararnos a reflexionar a dónde nos lleva esa carrera. Tenemos que recordar que estamos aquí porque alguien dijo ¡BASTA! y se unió a otras que querían vivir sin tener que estar bajo el miedo, la explotación y la opresión. Eso es lo que han comprendido en el sindicato de inquilinas. No le suben el alquiler a una sola y ahí se queda indefensa. Es un problema de todas, de la sociedad, de nuestras hijas e hijos.

Tenemos que dejar de naturalizar que las cosas son así, hay que usar la imaginación y recordar cómo el franquismo ideó aquello de un país de propietario, creando casas con capital público y privado.  Ahí está el origen del problema que luego ha ido creciendo. Cuando llegó la liberación del mercado, esas casas han quedado en manos privadas, en un mundo donde la vivienda es el mayor activo familiar que existe. Cómo hemos llegado a naturalizar que una empresa puede ser dueña de casas. ¿Para qué las quiere?,  nos podemos preguntar. No para vivir.

Las empresas ya no necesitan producir, solo especular. Tenemos que recordar que cuando llegó la crisis y se producían cada día cientos de desahucios se salvó a los bancos con dinero público, de todas y todos, sin que lo hayan devuelto.  Pero aún sigue siendo mucho más fácil que te desahucien que te ocupen la casa cuando sales al comprar el pan. Sin embargo, hay quienes ven con buenos ojos a los desocupas, nazis violentos. Hace tiempo que son ellos los que mandan. Nos impiden, por ejemplo, ponernos en huelga al no poder dejar de prescindir del sueldo ¿O sí?.

Otra trampa porque al creernos clase media caemos en la dependencia de tener una forma de vida que nos obliga al trabajo como imprescindibles sin poder defender los derechos en esos mismos trabajos. Somos trabajadoras y trabajadores, no nos engañemos. Somos un número para las grandes empresas, para los bancos, para el capital. Pero recordad que somos más y que unidas somos más fuertes. Reaccionemos y no nos dejemos vencer, aunque al escribir o actuar de esta forma te acusen de dar lecciones de moral o de utópica . Otra trampa.