Hoy, jueves 12 de febrero de 2026, se ha celebrado en mi pueblo, Fuentes de Andalucía. Ocurre así desde tiempos inmemoriales, la fiesta del Jueves Lardero, del latín Lardum-lardi, que significa tocino, manteca. Hay quien dice que se remonta a los origines del cristianismo con más de dos mil años. Obviando los asentamientos de los Cerros de San Pedro en el Neolítico y el de Obúlcula junto al castillo de la Monclova en la Edad del Bronce, anteriores al nacimiento de Jesucristo. Lo que sí está claro es que es una fiesta basada en las creencias cristianas, ya que se celebra el jueves inmediatamente anterior al miércoles de cenizas, que es cuando comienza la Cuaresma, en la que no se podía comer carne, a menos que le compraras una bula al cura párroco (seguramente, el cura, para no pecar, comería cigalas o percebes, que no hay religión que las prohíba). Y consistía en despedirse de la carne con una comida en la Fuente de la Reina, donde hay un pilar abrevadero y una fuente árabe con dos considerables caños de agua, dulce, pura y cristalina, a base de carnes.

El pueblo entero salía y, como se puede ver en estas fotos, se asentaban en grupos familiares a la sombra de cada olivo, compartiendo la comida con familiares y amigos. Se degustaba la riquísima y fresca agua, y se paseaba por el entorno. Un maravilloso día de campo, de convivencia y disfrute. Así ha perdurado hasta que llegó el lujo y la abundancia. Lo que se ha mantenido durante casi dos mil años, se ha desvirtuado al fragmentarse los emplazamientos en lugares distantes y dispersos, los pinos de la Aljabara, las ventas, las fincas privadas, chalets, etc.

Hoy, los fontaniegos, que somos muy nostálgicos, seguimos celebrándolo cada uno donde quiere o puede (yo en Sevilla), pero no es lo mismo que lo que se ve, y se palpa, en esas fotos. Y, además, ni comemos carne ni ná, si acaso jamón, por el colesterol, porque no queremos engordar, por la gota…, etc. Ni podemos culpar a nadie, ni quejarnos del bienestar y progreso, pero la nostalgia, al menos a mí, me corroe. Será por lo maravillosamente bien que lo vivimos y lo disfrutamos.