Las inmatriculaciones de la Iglesia han consumido mucha tinta. Y euros, muchos euros. España sigue funcionando como un Estado confesional, denunció Europa Laica recientemente durante un encuentro-debate en Ávila. Esto es lo único que casi nos iguala a los habitantes del reino de España: la Iglesia, más “democrática” que el gobierno, se queda con la mayor parte del patrimonio con la ampliación de una ley impuesta por la dictadura y, por lo tanto , inconstitucional. Ya no nos pueden mandar al potro, ni a visitar a Pedro Botero y la excomunión podría tener efecto en algunos cristianos, justamente quienes la apoyan, aunque cometa el mayor de los desmanes concebibles, por tanto no merece la pena.

Nada de eso nos pueden hacer ya. Pero el gobierno “progresista” no se atreve a ponerla en su sitio, para que den a Dios lo que es de Dios y dejen vivir tranquilo al César. A pesar de todo, no solamente se hacen creer ciegos, sordos y muy listos, porque tontos no son, ante esos desmanes, entre ellos la apropiación ilegítima de más de cien mil bienes, la mayor parte BIC y algunos patrimonio de la humanidad. Siguen la máxima ya añeja: fíjate en mis buenos consejos, pero no en mis malos ejemplos. La cosa es todavía peor: se queda con nuestros monumentos y otros muchos inmuebles, calles, plazas y hasta fuentes públicas, no paga impuestos y encima se les financia. Y en eso también prevalece una igualdad: la de igual da. Igual da la derecha que la izquierda.

Las administraciones, a excepción de un pequeño número de ayuntamientos, no más de media docena, siguen pagando el mantenimiento de esos edificios, antes, cuando todavía eran propiedad del común, cedido en usufructo y ahora, después de habérselos apropiado y más que el mantenimiento. Y como para los obispos, arzobispos y la mayoría de la curia, todo es insuficiente, se ayuda a sus negocios, radicalmente privados, con costosas y sustanciales subvenciones. Subvenciones, ni siquiera préstamos.

En Sevilla, por ejemplo, a un párroco se le ocurrió destruir un árbol milenario, situado en una placita pública, aunque también apropiada, delante de la iglesia. Y le pagamos el destrozo y la retirada de los restos. Se lo pagó el ayuntamiento con dinero de todos. Y como no hay dos sin tres, nueva subvención de dinero nuestro ha sido otorgada a la misma iglesia, en concreto la de San Jacinto, para instalar una iluminación espectacular (de espectáculo circense) con que “realzar” el interior con colorines.

Una chabacanería cara para nosotros, para la ciudadanía, porque el ayuntamiento del Sr. Sanz ha tenido la insana idea de regalarle un millón de euros, con la falta que haría ese importe para, por ejemplo, climatizar varios colegios e institutos, o para hacer cultura de verdad, para todos. O para viviendas, que con un millón se pueden hacer unas cuantas y ponerlas a precios asequibles, no para negociar con ellas como EMVISESA y para que si el párroco quiere hacer negocio que se lo financie. Porque, además, ya están vendiendo entradas a treinta euros, pero ni se ha escuchado decir que los financieros, o sea, los sevillanos, vayamos a tener la menor ventaja. Nada, nada, Santa Rita…

En el mismo acto referido al principio, Europa Laica dejó claro que la Iglesia sigue funcionanda con privilegios, como si siguiéramos siendo un Estado confesional. Llevamos siglos comprando nada, a un precio muy alto. Ya es hora de espabilar, de plantarnos, de enfrentarnos a todo, para recuperar nuestros derechos. Y, para empezar, por ejemplo, no marcar la casilla de la Iglesia en el IRPF, sería una magnífica forma de demostrar nuestro rechazo a abusos y privilegios.