El flamenco y la tierra andaluza están de luto. Este 13 de mayo se fue a la tierra, como todos los andaluces de bien, José Domínguez Muñoz, el Cabrero. Día para el recuerdo y la tristeza, para escuchar sus cantes y recordar sus palabras. Nos ha dejado un cantaor andaluz, luchador rebelde por los derechos de los trabajadores. Un hombre tan desobediente como el viento de poniente que con su cante se rebeló contra de la injusticia. Por eso cantaba. A paso lento, como el de un cabrero en la sierra, que recorre tierras duras, apartado del rebaño. Decían sus vecinos que llevaba mal camino fuera del redil. 

“Dale alas y volará el pueblo de Andalucía y si no ha apredío a volar no será por culpa mía”, decía. Nadie vistió mejor de negro que el Cabrero. Negro libertario. Luto por los desheredados. “Que mi queja corra de boca en boca para que el pueblo sepa bien quién lo engaña y quién lo explota”. Seguía cantándole a Huelva esos fandangos valientes, sentenciosos, certeros. Luchando sin rienda ni jierro, nadie consiguió callar su voz. Repudiado por muchos por decir la verdad y aclamado por muchos otros por el mismo motivo. Nadie quedó indiferente ante José Domínguez Muñoz.

Pastor de letras y de nubes, siempre directo, siempre de frente. Oveja negra. Tan desobediente como el viento de poniente porque ni el pastor ni el amo eran gente de fiar. Nadie lo pudo callar porque callar es morir. Ni Dios ni patria ni patrón. Contra la monarquía, contra el clero, contra to el que vive a costa de las espaldas de otros. Incansable trabajador, nunca abandonó sus cabras, incluso llegó a estar en la cárcel por defender sus ideas.  "En la puerta de la cárcel hay escrito con carbón que dentro el que es bueno se hace malo y el que malo se hace peor".

El pasado 13 de mayo no fue un día cualquiera para la historia de Andalucía y del flamenco porque se nos ha ido el Cabrero. Como tantos otros andaluces, siempre defendió su bandera, la nuestra, la tuya. Descanse en paz.