Fuentes ya está otra vez mirándose a la cara en el espejo del carnaval. En la Carrera no se oyen este sábado los pitos de los coches, sino de las murgas, la algarabía infantil, el reencuentro, las voces estridentes de las máscaras y las coplas de las chirigotas. La Carrera este sábado anda al ralentí, calentando motores a la espera de la señal de salida, que será mañana con el previsible atasco de los domingos. Enfrascados en el tanteo de los sábados del carnaval, la Carrera es una galería de personajes en un preestreno. En el mirar de reojo, en el ventear los aires, en el auscultar el pálpito de este año destaca la variedad, la mezcolanza. Hay de todo en la Carrera, pero no conviene adelantarse demasiado porque el plato fuerte del carnaval ha de ser el domingo. Todo a su debido tiempo.
El espejo de la Carrera es unas veces cóncavo y otras convexo, aunque siempre crítico, alegre, certero, inapelable. El carnaval en la calle, por fin despejada de la lluvia, rezuma chispa. Fría aún, pero chispa. Mirarse al espejo de las máscaras y de las murgas es aquí terapéutico. La catarsis de reencontrarse cada año con la propia identidad más burlona, la profilaxis de reírse de uno mismo, descargar los malos rollos, soltar toxinas agresivas y decirse unos a otros que la vida no es más que una comedia. Con final trágico, pero una comedia. Aquí nadie viene a criticar, sino a comentar, como dice la Cayetana de la murga del Nieto. Lo mismo que en las tertulias de la tele, pero con menos bilis y más alegría.
Después de un invierno antiguo, plagado de temporales sin fin -trenes de borrascas les llaman ahora en el circo inacabable de la tele- el cielo se ha abierto este sábado para dejar paso a la fiesta más popular del año, con permiso de la Feria y de la Semana Santa. Popular porque es de todo el pueblo, sin miramientos de credos o carteras. La que no atiende a jerarquías ni protocolos envarados. Mejor dicho, la que se basa sobre todo en romper jerarquías y protocolos. La que tiene la obligación ética y estética de no dejar títere con cabeza. Arrancó el Jueves Lardero, como cada año, aunque esta vez por mor de esos trenes borrascosos, no en el campo, sino en las cocheras. Ha seguido -ha vuelto- en el salón de la Huerta, anoche, con el certamen de agrupaciones, al que han concurrido cuatro: Las chirigotas los Mawakeños y del Kiki y las murgas del Margarito y del Nieto.
Todo vuelve, según sentencia la creencia popular. Un cuarto de siglo después, vuelve la murga del Nieto con la certera sentencia de que los chamuscaos no son los campaneros, sino los de Fuentes con su espléndido crematorio municipal, "muy cómodo especialmente para el muerto". Vuelve de Francia el Margarito felizmente jubilado. Y vuelve el certamen al salón de la Huerta, de donde fue desterrado en 2007 a la caseta municipal, que viene a ser lo mismo que la Siberia de Fuentes en las heladas noches de febrero. No era acogedora la caseta y ha habido feliz rectificación. Tardía decisión municipal, pero todo llega a costa de armarse de paciencia, de un pito, de un disfraz y de una copla.
Han vuelto a Fuentes los dictadores de la mano de Los Mawakeños, armados, uniformados, con gorra de plato y con un discurso un tanto ambiguo. "Dictadores, sí, pero buena gente", dicen sus integrantes. Como si esos atributos fuesen compatibles. Con Franco esto no pasaba, no pasaba, no pasaba. Golpe de Estado, golpe de Estado. Es el signo de los tiempos, la guerra que todos perdimos de Pérez Reverte, etcétera, etcétera. Empanados. Lo enmiendan proclamando desde el estribillo que "la vida es dura viviendo en dictadura porque sólo uno manda y el resto a obedecer y, siendo yo el dictador, aquí se va a hacer... lo que diga mi mujer".
Vuelve el Margarito y trae de la mano los felices años en los que casi todo el mundo fue hippie. O se visitió de hippie, que es cosa distinta. Hippies dando tiritones en la destartalada carpa, a modo de camerino, bajo el agua-nieve de la noche hortelana. Para algunos, ni siquiera la Huerta es más acogedora que la caseta de la feria. El mejor argumento murguista de los del Margarito son sus equivocaciones. Los traspiés y el consejo para futuros jubilados: ciudado con estudiar Árabe ahora que van a tener tiempo. Arabé a comprar pescado, arabé a la botica, arabé a recoger a los nietos a la escuela. "Esto es peor que echar una peoná". Y vuelve el Kiki, de guía turístico, enseñando Fuentes a guiris que acaban reconociendo que "no ven na".
Habrá que esperar la final del concurso y el consiguiente reparto de galardones a los triunfadores de este carnaval de 2026, pero uno ya ha ganado sin tener que concursar. El gran triunfador es sin duda Antonio, el Benjamín que más vueltas ha dado a Fuentes desde que caminar se puso de moda. Tanto anda que se le señala como el principal causante del deterioro del pavimento del carril bici. No hay murga o chirigota que se haya resistido a incluir el trote cochinero, con brazos como molinillos, de este peculiar andarín que "parece un cigüeño cuando va a arrancar a volar".
La vuelta a la Huerta sirvió para congregar a unos 350 espectadores la noche de este viernes en el Falla de Fuentes a la espera de que se haga realidad, si es que se hace, la construcción de un verdadero teatro, el hogar del murguista, el refugio de librepensador. Este año han sido cuatro agrupaciones para 350 fontaniegos y fontaniegas ávidos de carnaval, cuya organización ha costado al ayuntamiento -a todos los contribuyentes- 24.000 euros, de los que cada agrupación recibe 1.300 euros en forma de subvención a cambio de participar en la promoción de la fiesta más esperada y popular, la más crítica y desinhibida. La más libre, ésa que según las tres jóvenes presentadoras del acto se hace desde tiempos antiguos. "Incluso cuando no estaba bien vista". El carnaval nunca estuvo mal visto, estuvo expresamente prohibido por la autoridad competente, el caudillo.

